Psicología de la Sexualidad y la Pareja

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He encontrado casi de casualidad el blog de Juan Masiá Clavel, un excelente teólogo católico experto en Bioética. Reproduzco aquí  parte de un artículo suyo por el intachable análisis y opciones posibles ante una situación que bien nos puede ocurrir a cualquiera. A los hombres y mujeres casados, a los comprometidos con el celibato por motivos religiosos, etc. Masía contesta desde su condición de sacerdote y jesuita, pero las opciones que plantea bien pueden servir para las parejas.

[…] La respuesta anterior anima a la periodista a disparar al corazón, cambia del usted al tú de repente y me dice: “Última pregunta. Te reto a que me contestes. No me negarás que te habrás enamorado alguna vez después de tu opción de celibato. ¿Qué pasa entonces con esa tentación?”

Le contesto: Pero, mujer, ¿cómo llamas tentación a lo que es una gracia? La tentación, en todo caso, vendrá después, si viene. Además, déjame que te interpele. Cuando hablas de tentación, ¿crees que la única tentación se llama acostarse? Venga, hagamos fenomenología desde la experiencia.

Una persona, varón o mujer, con opción de celibato se encuentra en una situación de enamoramiento. Analicémosla. Lo primero de todo, descubre un amor (si es que le llega la pubertad con retraso), o bien confirma (si es que ya lo había descubierto antes) que es capaz de querer y ser querida. Por tanto, es una gracia.

Pero, a continuación, se plantean preguntas lacerantes: ¿Es lo mismo estar eamorado y amar? ¿Se puede amar más y mejor? ¿Se puede amar sin sufrir? Si no quieres sufrir no ames, pero si no amas, ¿para qué quieres vivir? ¿Dónde están los límites entre el amor y la posesividad, dependencia o dominación? ¿No viola la dignidad de las personas la sugerencia de prometer lo que no podemos dar, el fomentar expectativas de amor exclusivo que no vamos a satisfacer?…

No he hecho más que poner unos pocos ejemplos de cuestionamientos que se plantean a quien no quiera caer en la tentación de no elegir.(Esa es la gran tentación y no las llamadas tentaciones carnales, que se quedan en la superficie).

Pues bien, estas situaciones pueden tener los siguientes desenlaces posibles:

1) Con ocasión del enamoramiento, descubre esa persona célibe que debería cambiar su opción y, tras discernirlo, opta en paz por un cambio de ruta en su vida.

2) No quiere cambiar su opción; por una parte,las fuertes represiones que tiene no le permiten tampoco ceder a sus impulsos, pero al mismo tiempo siembra expectativas en la otra persona, con lo cuál la daña y se daña.

3) No quiere cambiar su opción, pero se desliza por la pendiente resbaladiza de comportamientos ambiguos (que a veces se han llamado una “tercera vía”), facilitados a su vez por la otra persona. Se producen entonces situaciones de doble vida que, a la larga, no ayudan a ninguna de las dos y pueden llegar a repercutir en daño o escándalo de terceras personas.

4) Se pone a la defensiva, se endurece y aparenta frialdad y moral estricta, se incapacita para amar y, por tanto, se incapacita para su ministerio.

5) Y queda la “quinta alternativa”. La “quinta alternativa” (pierdo el pudor al contarla) es algo sublimemente maravilloso y doloroso al mismo tiempo. Pesa tanto la opción fundamental, que no se abandona el camino elegido. Pero se camina sin escolta, es decir, sin la coraza defensiva de frialdad y endurecimiento; se opta, no por querer menos sino más y mejor; se elige día a día una elección, que no se podría elegir por las propias fuerzas. Se reconoce (con temor y temblor) que hay límites que poner. Si era gracia enamorarse, es gracia el aprender a amar más y mejor, a no dejar de querer sin que se dañen mutuamente quienes se quieren.

Esta última quinta alternativa la aprendí de dos personas: una de ellas, un amigo, enamorado de su mujer, pero cautivado por otra, que superó la crisis. Otra, una buena amiga, cuyo trato me hizo comprender que es posible la amistad entrañable entre célibes más allá de la polarización en la sexualidad. (Quienes me entienden me entienden y entienden por qué no entienden quienes no me entienden…)

Al llegar a este punto, concluye la entrevista. La periodista se ha emocionado un poco y dice que no sabe qué va a hacer para editar todo este material. La tranquilizo. Ya tengo el vicio de editar y lo voy a sacar por mi cuenta en el blog en forma de serial.

Se despide cariñosamente la periodista y salimos del café. Me quedo mirándola salir, con esa ternura que con que mira a una joven cuarenta años menor que uno quien no ha tenido hijas ni nietas. Y sigo subrayando con el bolígrafo el pensamiento del filósofo hermeneuta Paul Ricoeur: “lo que empezó por una casualidad, se cultivó en una relación y se consolidó al dar el paso de elegir con una apuesta, acaba por convertirse en un destino, a fuerza de reelegir día a día tu elección”. […]



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Quiero destacar este interesante artículo que publican en su web el colectivo ahige (Asociación de Hombres por la Igualdad de Género) HOMBRES IGUALITARIOS

Desmontando al Hombre (VI): Los Mujeriegos ya no son lo que eran

Escrito por Julián Fernández de Quero
viernes, 20 de marzo de 2009

Uno de los estereotipos más difundidos por la Cultura de los Géneros es la innata tendencia a la poligamia -entendida como promiscuidad- de los hombres frente a la monogamia de las mujeres. Incluso desde el ámbito científico, numerosas obras publicadas en las últimas décadas, influidas por la sociobiología -una disciplina que tiene como axioma la naturalización de todo el comportamiento humano a partir de la consideración de que los genes son los que determinan nuestra vida, siendo el cuerpo una mera estructura habitacional donde ellos se mantienen y reproducen- intentan justificar dicho prejuicio a partir de las necesidades reproductoras de los organismos vivos.

Así, el mandato genético induciría a los machos a las relaciones sexuales poligámicas para aumentar la eficacia reproductora de la especie, consiguiendo que un solo macho deje preñadas a un mayor número de hembras, mientras que las hembras, más vulnerables y dependientes de la crianza, trazarían estrategias de fidelización monogámica captando al macho más fuerte para, por un lado, asegurarse una prole genéticamente más sana y con más probabilidades de sobrevivir y, por otro, asegurar la protección y la provisión alimenticia necesarias para la supervivencia de la hembra y sus crías.

Con estas afirmaciones, la sociobiología “naturaliza” la familia nuclear burguesa, la división del trabajo entre hombres -provisión, protección y procreación, las famosas “3P” de David Gilmore- y mujeres -reproducción, crianza y cuidados- construida por el Patriarcado y el falocrático dominio de los hombres sobre las mujeres.

Sin ninguna pretensión de “deconstruir” con detalle las teorías pseudocientíficas de la sociobiología, algo que ya han llevado a cabo otros/as autores/as, me permito recordar algunas de las consideraciones que permiten superar dicha concepción ideológica revestida de cientificidad:

– No hay ningún estudio que demuestre la existencia de la familia nuclear desde los orígenes de la especie humana. Por el contrario, numerosos estudios demuestran que durante muchos miles de años, los grupos humanos estuvieron conformados por clanes familiares nómadas de relaciones endogámicas y promiscuas, hábitos alimenticios carroñeros y comportamientos intercambiables entre hombres y mujeres. Era el grupo como conjunto solidario el que se encargaba de la búsqueda de comida, del cuidado de las crías y demás tareas de supervivencia. No había división sexual del trabajo ni comportamientos sexuales diferentes entre hombres y mujeres.

– La evolución matriarcal posterior en numerosos grupos que dejaron de ser nómadas para fijar y estabilizar su residencia, inventando la agricultura y la domesticación de los animales, trajo como consecuencia la expansión del tabú del incesto y otras normas sociales de convivencia, transformando las relaciones de endogámicas en exogámicas, es decir, que los hombres en edad reproductora eran acogidos como huéspedes por los grupos matriarcales durante un corto tiempo -generalmente, durante las fiestas de la fertilidad y otros rituales- para que dejaran embarazas a las mujeres y luego, se volvían a sus grupos de origen, mientras que las mujeres parían y criaban a sus hijos con la protección y los cuidados de todo su clan materno. No había familia nuclear, ni maridos, ni esposas, ni padres. Los primeros linajes eran matrilineales y los lazos sociales se organizaban en torno a la autoridad de las madres.

– La invención del patriarcado y de la propiedad privada trae como consecuencia la división sexual del trabajo, el empoderamiento del hombre como género, una de cuyas principales manifestaciones es la elevación del pene a la categoría de falo, la esclavización de la mujer convertida en objeto de propiedad masculina y el matrimonio como legitimación de la compra que un hombre hace de una mujer para dedicarla a fines reproductores y de crianza que garanticen su linaje y la transmisión de su herencia. Como estudió Claude Levy Strauss, el patriarcado revierte el significado de los tabúes y normas sociales heredadas del matriarcado en beneficio de los varones y en detrimento de las mujeres, entre otras, la exogamia se convierte en un pacto entre familias por el cual, la mujer pasa del sometimiento del padre al del marido, unidos en matrimonio por intereses familiares que nada tienen que ver con la sexualidad y el afecto. El varón adquiere la titularidad de “pater familias” con poder de vida y muerte sobre los demás miembros de la misma. Al estar el poder y la riqueza basados en la propiedad de la tierra, los clanes familiares se convierten en familias extensas que compiten, pactan y guerrean entre ellas para alcanzar el poder supremo.

– Durante los miles de años que dura el patriarcado, los hombres usan del poder y de su fuerza física para someter a las mujeres, eliminando por innecesarios los comportamientos característicos del llamado “cortejo animal” heredados filogenéticamente. Las mujeres son separadas en dos grandes grupos: Las esclavas sexuales sometidas a la pulsión copulatoria de los varones, socialmente degradadas como “animales impúdicos y lujuriosos” y las esclavas reproductoras -matronas- encargadas de la reproducción, crianza de los hijos y cuidados de las personas a su cargo, a las que se les considera asexuadas -no tienen sexo sino útero- y que reciben una cierta consideración social debido a su función.

Por lo tanto, en las épocas premodernas, el hombre de género es un mujeriego poderoso que no tiene ninguna necesidad de seducir para satisfacer sus instintos sexuales puesto que toma a las mujeres de grado o por la fuerza. El acceso a la modernidad supone una variación que tiene que ver con la clase social. La aristocracia y la burguesía reconocen a las mujeres de su misma clase social como miembros de la especie humana, diferente al hombre, pero sujeto de consideración y respeto formal. Las familias que tienen hijas las someten a una estricta educación puritana, ya que la virtud femenina -entendida como pureza y virginidad hasta el matrimonio, pudor y obediencia al padre y al marido- elevan sus posibilidades en el mercado matrimonial. Estas actitudes sociales y familiares convierten a las mujeres decentes en una pieza apetitosa y rodeada de morbosidad para los ociosos caballeros que ejercen de depredadores sexuales.

A partir del siglo XVIII, se inventa un “deporte” masculino entre las clases altas consistente en competir entre los varones para ver quien es el que más mujeres virtuosas logra seducir como manifestación de su potente virilidad y de sus habilidades como seductor. El movimiento de Los Libertinos, Don Juan Tenorio y Giacomo Casanova se convierten en los modelos ideales de la masculinidad, tal como han reflejado películas como “Valmont” o “Las Relaciones peligrosas”, entre otras muchas. Los mujeriegos, además de presumir de una vida licenciosa, repleta de juergas y orgías con prostitutas, queridas y amantes, todas ellas mujeres socialmente degradadas por su condición inmoral, presumían sobre todo de su astucia y habilidad para utilizar el engaño y los modales corteses con el único objetivo de vencer las resistencias de las mujeres decentes y acabar con su virtud puritana.

En todas las cortes europeas se implanta la doble moral de aparentar una cosa y actuar de otras forma de tapadillo. Como argumenta Anthony Giddens en su estupendo libro “La Transformación de la Intimidad” (Ediciones Cátedra, 2006) “Casanova no tendría sitio en las culturas premodernas: es una figura de una sociedad cercana a la modernidad. El no tenía interés en acumular esposas, si tal cosa hubiese sido posible. El sexo era para él una búsqueda nunca acabada, que terminó no por el cumplimiento de una autorrealización o sabiduría, sino sólo por la decrepitud de la edad” Como el mismo autor analiza, la sexualidad del mujeriego responde al síndrome de “sexualidad compulsiva”, entendida como una adicción al sexo similar a la que se puede tener con relación a las drogas, el trabajo, y otras actividades humanas. “Tradicionalmente, el seductor era un aventurero genuino, que desafiaba no sólo a cada mujer, sino a todo el sistema de normativa sexual. Era un subversor de la virtud y luchaba contra otros molinos de viento también, porque la seducción también implicaba desafiar el orden masculino de protección sexual y control.

En cambio, los mujeriegos actuales se están convirtiendo en dinosaurios de una época pasada que producen más grima que admiración. Como vuelve a decir Anthony Giddens, “Los mujeriegos de hoy son producto de transformaciones en la vida personal que se han producido y se mantienen por la fuerza. Son seductores en una era en que la seducción se ha vuelto obsoleta….. La seducción ha perdido significado en una sociedad en la que las mujeres están más dispuestas para los hombres que nunca, aunque -y esto es crucial- sólo apareciendo como iguales a él.”. “Los mujeriegos actuales pueden parecer fósiles de una edad anterior, acechando a su presa con valor, armados sólo con penicilina, preservativos (se supone) y un bagaje para hacer frente al SIDA…. Son seductores, sí, en la medida en que están preocupados -sobre todo- con la conquista sexual y con el ejercicio del poder que ello implica”. ¿Pero, qué premio ofrece la victoria cuando la victoria es tan sencilla?. El autor cita a Graham Hendrick para afirmar que la igualdad sexual conquistada por la mujer actual “disuelve la división arcaica entre las mujeres virtuosas y la corrompidas o degradadas”. Ahora, las mujeres se consideran en el mismo plano de igualdad sexual frente a los hombres, reivindican su derecho a tener la iniciativa, a seducir en función de sus intereses, buscan su propio placer y no consideran que tengan que defender ninguna “virtud” según los cánones de una moral periclitada. Por lo tanto, “una vez que la “muerte” del seductor depende de la destrucción de la virtud, la persecución pierde su dinámica principal…. El mujeriego de hoy no es alguien que cultiva el placer sensual, sino un buscador de emociones en un mundo abierto, lleno de oportunidades sexuales.”

La figura del mujeriego actual hace más evidente aún, si cabe, la dependencia afectiva del hombre de género en relación a la mujer. Aparentando una autonomía de la que carece, presumiendo de una independencia con tintes de misoginia, el mujeriego actual expresa con su búsqueda obsesiva de conquistas sexuales, el rechazo a una madre afectivamente sobreprotectora, para poder construir su identidad masculina, con el obsesivo deseo de una afectividad huérfana. Como dice Giddens, “Su dependencia de las mujeres es bastante obvia, tan obvia que se trata de una influencia que controla sus vidas…. El moderno aventurero sexual ha rechazado el amor romántico, o utiliza su lenguaje sólo como retórica persuasiva. Su dependencia de las mujeres, por tanto, sólo puede ser validada a través de la mecánica de la conquista sexual.”.

Así pues, el mujeriego actual ya no es lo que era. Sus frustraciones, complejos y disfunciones frente a una mujer sexualmente libre, autónoma en sus decisiones y con la autoestima suficiente para no depender del hombre, le convierten en firme candidato a las consultas de la terapia sexual y de la psicología. Las nuevas condiciones creadas por las actitudes de las mujeres actuales, le obligan a un cambio necesario para salvar su integridad. Giddens apunta a la construcción de un nuevo tipo de relaciones que llama “la pura relación”, basada en la superación de la relación de “sujeto a objeto” tradicional y convertida en una relación de “sujeto a sujeto”, cuyos términos se plantean de un plano de igualdad y cuyos objetivos deben negociarse y pactarse de mutuo acuerdo. De esa pura relación derivan la conductas de una “sexualidad plástica”, más personalizada y diversa, superadora del obsesivo coitocentrismo de épocas pasadas y la posibilidad de un “amor confluente” fruto de una transformación de la intimidad que convierte la relación en un proyecto de vida negociado y consensuado, cuyas premisas son la honradez sincera de las propuestas, la expresión sin vergüenzas de las propias necesidades y vulnerabilidades y la empatía necesaria para que la búsqueda de la propia felicidad pase por la felicidad de la otra persona.

El enlace completo: http://boletin.ahige.org/index.php?option=com_content&task=view&id=860&Itemid=66



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15 Mitos o Creencias Erróneas sobre las Relaciones de Pareja


Este es un listado sobre algunos mitos o creencias erróneas sobre las relaciones de pareja. El mantener estos mitos como verdades universales puede causar muchos problemas e insatisfacción.

1. El romanticismo favorece la duración y felicidad de la relación. La relación de pareja no sólo se nutre de romanticismo, primero porque no se puede ser romántico todos los días y segundo porque el romanticismo está unido a la idea de ser y estar siempre apasionado, cosa imposible en una convivencia.

2. Si es amor verdadero se sabrá desde el primer encuentro. La verdad es que la mayoría de las personas toman algo más de tiempo para conocer a la pareja y saber que es con quien deseamos pasar una gran parte de la vida.

3. Si no siento celos, es que no amo de verdad a mi pareja. Los celos indican percepción de amenaza, percibes que podrías perder o tener que compartir con otra persona a un referente emocional que está contigo en este momento. Una relación en la que la pareja se siente segura el uno del otro no tiene porqué dejar espacio a los celos.

4. Si estás enamorado, no puedes sentirte atraído por otras personas. El amor no atrofia la capacidad de atracción por otras personas. Es natural sentirse atraído por otras personas y esto no significa que se ame menos a la pareja. Para muchas personas la fidelidad suele considerarse como una prueba más de amor ya que a pesar de que te gusten otras personas, mantienes el acuerdo de exclusividad alcanzado en la relación.

5. Si de verdad me ama no necesita salir ni estar con nadie más.
Es cierto que dos enamorados desean pasar gran parte del tiempo juntos, pero también es necesario que cada uno tenga su propio espacio.

6. El amor se mantiene inalterable con el tiempo. Es un mito que hay que desterrar. Es muy probable que el amor se mantenga con la misma intensidad que tuvo en el inicio de la relación, pero para que ocurra hay que construirlo y “alimentarlo”.

7. Amar significa adivinar lo que el otro quiere y necesita. La adivinación de pensamiento no existe. Eso de pensar que por amor el otro va hacer y cubrir todas mis expectativas funciona en contra de la pareja. La persona que piensa esto no se expresa y sólo espera con grandes expectativas que el otro le responda cómo ella quiere.

8. Si el amor es verdadero, el sexo será siempre maravilloso. Según esta falsa idea, cuando llega el amor, trae bajo el brazo un avanzado manual sobre las mejores y más placenteras técnicas sexuales. La persona no puede saber de manera espontánea lo que le gusta y disgusta al otro. Esto sólo se logrará con el tiempo y una buena comunicación.

9. El “buen” sexo contribuye a la relación en pareja
. Los tiempos de sexualidad de varón y mujer son diferentes y no siempre se encuentran. La sexualidad sólo es un área de la relación: si funciona mal no significa que la pareja funcione mal (o viceversa). En este caso hay que resolver los problemas sexuales para que ese aspecto mejore. Tampoco es correcto pensar que los problemas de convivencia se pueden resolver a través del sexo.

10. Mejor contar todo. El “sincericidio” (como han llamado algunos especialistas al hecho de que un miembro de la pareja cuente todo lo que hace, siente o piensa) es un mito. Existen sectores de la intimidad del ser humano que es bueno preservar. Además, hay cosas que una persona siente y que si las dice puede herir al otro. Lo primordial es pensar antes de hablar, ya sea para no causar daño o porque realmente lo que se piensa decir no va a ayudar al crecimiento de la pareja.

11. La convivencia prematrimonial asegura un matrimonio más satisfactorio y duradero. Esto representa un mito pues no da una seguridad del 100 por ciento. En algunos casos funciona y en otros no. A veces se puede tener una convivencia “feliz” en este período, pero cuando se legaliza la unión pueden comenzar los conflictos de pareja.

12. Los problemas de pareja durante el noviazgo se terminan cuando los novios conviven o se casan. Este es un mito basado en la creencia de que durante la convivencia se va a lograr “cambiar” al otro. Es un gran error, porque nadie tiene que cambiar a nadie. En realidad, para que una pareja funcione lo básico es respetar al otro tal como es y poder llegar a negociaciones para adaptarse a las diferencias que incomodan.

13. Casarse ante la ley es asumir con mayor compromiso la relación de pareja. Esto funciona de acuerdo con cada pareja. Hoy, según algunas estadísticas, funciona mejor no firmar papeles, pero depende de otras circunstancias que no tienen nada que ver con la seriedad o el compromiso. El firmar o no papeles no es garantía de que la convivencia funcione.

14. Contigo, pan y cebolla.
Una de las causas principales del divorcio tiene que ver con lo económico. Hoy el tema pasa a ser algo muy importante, sobre todo cuando hay que tomar grandes decisiones respecto a este asunto. Generalmente hoy las parejas entran en conflicto cuando en momentos de crisis económica aparecen cuestionamientos sobre quién aporta más dinero o quién despilfarra más.

15. La llegada de los hijos resuelve los problemas de la pareja. Si una pareja tiene problemas de convivencia, los mismos persistirán a pesar de la felicidad que ocasiona el nacimiento de los hijos. Además, es injusto hacer que los chicos carguen con semejante misión. Lo primordial es tratar de resolver los problemas antes de la llegada de los hijos; de no ser así, ya no sólo serán dos los que sufran a causa de una convivencia conflictiva.

Por: Lic. Giovanni R. Benvenuto. Tomado de http://gsol.awardspace.com



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He encontrado esta lista de mitos sobre la infidelidad que me parecen muy acertados.

Mito #1: La gente es infiel porque son infelices en sus casas
Si eres mujer, generalmente, éste es el caso. Las mujeres envueltas en relaciones largas, que están engañando a sus parejas, reportan una baja satisfacción en sus matrimonios. Para los hombres, en cambio, no sucede igual necesariamente. Muchos hombres que aman a sus parejas y que tienen muy buen sexo en sus casas nunca desperdician una oportunidad para tener una aventura si piensan que pueden conseguirla. En un estudio, el 56 por ciento de hombres infieles encuestados dijeron que eran muy felices en sus matrimonios. Sólo el 34 por ciento de mujeres desleales coincidieron con ellos.

Mito #2: Los hombres son infieles más que las mujeres
Esto solía ser así, pero ahora las escalas de infidelidad están balanceadas. ¿Por qué? Las mujeres engañan a sus parejas por las mismas razones que los hombres: Es alguien nuevo, algo atrevido -y por lo tanto agradable. Pero hay otras razones citadas por las mujeres: La aventura fue una “recompensa” por ser una esposa y una madre no apreciada o por estar con una pareja que no es cariñosa, que no las escucha o las ignora. Lejos están los días en que nos obsequiábamos un nuevo lápiz labial o un corte de cabello para levantarnos el ánimo. Aún no somos tan indiferentes a las infidelidades como los hombres -las mujeres tienden a sentirse culpables- pero los estudios demuestran que somos mejores al mentir y somos más propensas a salir impunes. También es un mito que son los hombres quienes intentan convertir sus amistades en aventuras. La mayoría de los hombres infieles ven al acto como una alta oportunidad y baja implicación. Las mujeres se involucran más emocionalmente y son más ágiles para examinar a sus amistades y determinar si pueden ser mejores parejas que sus relaciones actuales. Es decir, ella está buscando generalmente a su alma gemela potencial; él sólo se está divirtiendo

Mito #3: La infidelidad gira mayoritariamente alrededor del sexo
Algunas aventuras son netamente sexuales e incluyen mayormente sexo. Y esto se debe a que el sexo con otra persona que no sea tu pareja es algo prohibido y por tanto muy atractivo. Pero el sexo no es siempre la razón de ser desleal. Las aventuras amorosas son una manera en que la gente consigue algo que no está obteniendo en sus relaciones. Así de simple. Lo que no es tan simple es determinar aquello que está faltando. De hecho, muchas veces, la pareja engañada no está enterada. Algunas personas buscan algo que perdieron cuando niños, otros buscan la juventud perdida. Hay gente que le es infiel a parejas “perfectas” porque está enferma de la perfección. No siempre se trata de sexo.

Mito #4: Si te es infiel, no te ama
Puedes sentir que no te ama, pero no es necesariamente así. Sin embargo, sí significa que no te respeta lo suficiente cómo para honrar el compromiso que ambos tienen y que tiene un sistema de valoración distinto del tuyo. Algunas personas son más capaces que otras de separar el sexo del amor y acostarse con alguien no afecta el amor que puedan sentir hacia sus parejas. Generalmente, los hombres tienden a tener aventuras basadas en el sexo, no emocionales o por amor. Pero, la decisión que necesitas tomar es si su definición de amor te es suficiente.

Mito #5: El sexo con un ex no es ser infiel porque ya has estado allí.

Acostarte con un ex es el desliz sexual que la mayoría de gente espera comúnmente tener. No se siente como si estuvieras siendo infiel -no se trata de alguien nuevo que esperará que el sexo se consolide en una relación- ¿verdad? Estás equivocada. Lamentablemente, ese es exactamente el motivo por el que el sexo con una ex pareja puede tener consecuencias desastrosas. Puedes acostarte con tu ex por el recuerdo de los viejos tiempos, pero tu ex puede hacerlo como acción desesperada para reencender la relación. Así que tienes que romper con él -otra vez- y explicar a tu actual pareja por qué estás recibiendo repentinamente correos electrónicos o llamadas de tu ex después de todo ese tiempo. Las posibilidades de ser descubierta son realmente más altas que si tuvieras sexo con un extraño porque los extraños no sentirán la necesidad de escribir un largo e-mail incriminatorio final.

Mito #6: Puedes defender tu relación de la infidelidad

Puedes disminuir las posibilidades de tener una aventura en tu relación, pero nunca hay garantías. ¿Qué es lo mejor que puedes hacer? Elegir al compañero correcto. Escoger a la persona adecuada es más importante que mantenerlo feliz una vez que seas su pareja, porque la base moral y el sistema valorativo, así como los antecedentes familiares, son influencias mucho más importantes para que alguien sea -o no sea- fiel.

Mito #7: Si él tiene antecedentes de haber sido infiel, probablemente te engañará también a ti
Este mito es casi siempre verdadero. Si tu pareja le ha sido infiel a casi todas las mujeres con quienes ha estado -y nada ha sucedido para hacerlo recapacitar sobre su comportamiento- seguramente hará lo mismo contigo.

Mito #8: Siempre debes confesar tus infidelidades

Si el affaire ha trascendido o se sospecha fuertemente, es mejor que lo digas. Tienes más oportunidades de rescatar tu relación después de una confesión voluntaria que después de un descubrimiento indeseado. Pero si es poco probable que sea descubierto, hay también razones válidas para dejar cerrada tu boca. Por ejemplo, algunos expertos te aconsejarán no decirlo si tu pareja no es una persona fuerte emocionalmente. ¡El conocimiento de una aventura no va exactamente a suavizar el camino accidentado para afianzar su autoestima! Una confesión va a echar por tierra la confianza que haya acumulado, y tomaría años su reconstrucción -si, eventualmente, eso es posible. En lugar de eso, medita en por qué has tenido el affaire en primer lugar. ¿Qué estás obteniendo de él que no tengas ya en tu relación? ¿Es posible crear eso con la persona con quien estás actualmente? La peor razón para confesar una aventura es para sentirte mejor. Sí, quitará la culpabilidad de tus hombros. Pero será un golpe doloroso para tu pareja. Tú cometiste la equivocación, ahora lidia con las consecuencias.

Mito #9: El engaño no cuenta si nadie lo descubre
¿Realmente no importa haber sido infiel si no existe absolutamente ninguna posibilidad de que te descubran, nunca verás a esa persona otra vez, tuviste sexo seguro, no significó nada y no se lo contaste a nadie? Depende totalmente de tu personalidad. Si sinceramente no ves nada malo con lo que hiciste, probablemente no haya sido malo. Sólo hay un problema con esta teoría: Muy pocas personas creen verdaderamente que no hay nada errado con ser infiel. Incluso los aventureros están enterados que están haciendo algo “incorrecto” y es aquí donde todo se revela, conforme la percepción de tu pareja cambia. Te sientes superior porque te saliste con la tuya. Esto lo hace aparecer o ingenuo y muy confiado, o vulnerable y desesperadamente desamparado. Las buenas relaciones se basan en admiración y respeto mutuos, no en compasión o bajo el pensamiento secreto de que son ignorantes.

Mito #10: Si no hay sexo de por medio, no es un affaire

La infidelidad emocional -conexiones profundas y apasionadas con personas que a menudo ni siquiera están enteradas de haber cruzado la línea de la amistad platónica al amor romántico- es la amenaza más grande que un matrimonio puede enfrentar. Más del 80 por ciento de gente infiel tuvo aventuras con alguien que era “sólo un amigo”, generalmente un compañero de trabajo. De hecho, un estudio demostró que el 50 por ciento de mujeres y el 62 por ciento de hombres infieles tuvieron un affaire con alguien en el trabajo. Intensa pero invisible, erótica pero no consumada, la infidelidad emocional es peligrosa, adictiva y muy fácil de pasar desapercibida. Si a menudo estás fingiendo que eres soltera cuando no es así; si envías mensajes de texto o correos electrónicos secretos; si compartes información íntima de tu vida con gente que te atrae y mientes a tu pareja de que las estás viendo, eres una infiel emocional.

Mito #11: Fantasear que estás con otra persona significa que estás muy cerca de ser infiel
Mientras muchos terapeutas sexuales animan a parejas con relaciones largas a que tengan fantasías con otra gente para hacer frente a la tentación -es aceptable ser desleal en tu cabeza, pero no en tu cama- otros opinan que es riesgoso. Este último grupo afirma que los affaire comienzan en la mente y que las fantasías sexuales pueden hacer que desees que suceda en la realidad aún más. El tema de fondo de las fantasías, después de todo, es conjurar un sexo brillantemente perfecto. Mientras que en la vida real un encuentro desleal es probablemente mucho menos que excitante e imperfecto, las imágenes fuertes pueden aumentar el deseo a desviarte de tu rumbo.

Mito #12: Las aventuras pueden “salvar” relaciones
Este es un mito perpetuado por personas infieles como justificación para lo que han hecho. ¿Puedes imaginarte a una pareja diciéndose: Caramba, esa aventura fue lo mejor que nos pudo suceder? Eso es porque no es verdad. La infidelidad implica romper un voto, mentir y traicionar la confianza. Incluso los que sobreviven a una aventura encuentran la relación teñida con resentimiento, tristeza y culpabilidad. Analizar las razones de la infidelidad puede ayudar a ensamblar las piezas de lo queda respecto a lo que había antes. La gente muchas veces tiene una aventura para reinventarse o para ser la persona que piensa que desea ser. Es probable que tu pareja te vea como la persona que eras cuando te conoció, en vez de la persona en que te has convertido, o la persona en que deseas convertirte. Un affaire te da la oportunidad de volver a comenzar. Por esto, después de una aventura es importante preguntar: “¿Quién eras con esa persona? ¿Cómo puedes ser esa persona conmigo?”.

Fuente:www.soloella.com



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