Psicología de la Sexualidad y la Pareja

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Tanto si hablamos de relacion de pareja, o entre padres e hijos,  o amistad. La capacidad de ponernos en el lugar de otro, va a faciltar saber cómo se siente y comprenderle. La falta de empatía sin embargo produce el efecto contrario, frialdad, incomprensión y daña las relaciones hasta romperlas en muchos casos.

Os dejo un artículo sencillo y claro sobre la empatía:

Uno de los elementos clave que forma parte la inteligencia emocional, es la empatía, la cual pertenece al dominio interpersonal. La empatía es el rasgo característico de las relaciones interpersonales exitosas.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de empatía? La empatía no es otra que “la habilidad para estar consciente de, reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás”. En otras palabras, el ser empáticos es el ser capaces de “leer” emocionalmente a las personas.

Es sin duda una habilidad que, empleada con acierto, facilita el desenvolvimiento y progreso de todo tipo de relación entre dos o más personas. Así como la autoconciencia emocional es un elemento importantísimo en la potenciación de las habilidades intrapersonales de la inteligencia emocional, la empatía viene a ser algo así como nuestra conciencia social, pues a través de ella se pueden apreciar los sentimientos y necesidades de los demás, dando pie a la calidez emocional, el compromiso, el afecto y la sensibilidad. Veamos su importancia.

El Radar Social

Si por un lado, un déficit en nuestra capacidad de autoconciencia emocional nos lleva a ser vistos como analfabetos emocionales (iletrados en el “abc” del reconocimiento de las propias emociones), una insuficiencia en nuestra habilidad empática es el resultado de una sordera emocional, pues a partir de ello, no tardan en evidenciarse fallas en nuestra capacidad para interpretar adecuadamente las necesidades de los demás, aquéllas que subyacen a los sentimientos expresos de las personas.

Por ello la empatía es algo así como nuestro radar social, el cual nos permite navegar con acierto en el propio mar de nuestras relaciones. Si no le prestamos atención, con seguridad equivocaremos el rumbo y difícilmente arribaremos a buen puerto. Revisemos ahora con detenimiento en qué nos es útil.

A través de los cristales del otro

No es raro que se crea comprender al otro sólo en base a lo que notamos superficialmente. Pero lo peor puede venir al confrontar su posición con la nuestra y no “ver” más allá de nuestra propia perspectiva y de lo aparentemente “evidente”.

Debemos saber que nuestras relaciones se basan no sólo en contenidos manifiestos verbalmente, sino que existen muchísimos otros mecanismos llenos de significado, que siempre están ahí y de los que no siempre sabemos sacar partido. La postura, el tono o intensidad de voz, la mirada, un gesto e incluso el silencio mismo, todos son portadores de gran información, que siempre está ahí, para ser decodificada y darle la interpretación apropiada. De hecho, no podemos leer las mentes, pero sí existen muchas sutiles señales, a veces “invisibles” en apariencia, las cuales debemos aprender a “leer”.

Un individuo empático puede ser descrito como una persona habilidosa en leer las situaciones mientras tienen lugar, ajustándose a las mismas conforme éstas lo requieran; al saber que una situación no es estática, sacan provecho de la retroalimentación, toda vez que saben que el ignorar las distintas señales que reciben puede ser perjudicial en su relación. Es también alguien que cuenta con una buena capacidad de escucha, diestra en leer “pistas” no verbales; sabe cuando hablar y cuando no, todo lo cual le facilita el camino para influenciar y regular de manera constructiva las emociones de los demás, beneficiando así sus relaciones interpersonales. Pueden ser buenos negociadores, orientados hacia un escenario donde todas las partes salgan ganando.

Por otro lado, las personas débiles en esta habilidad tienen dificultades para “leer” e interpretar correctamente las emociones de los demás, no saben escuchar, y muchas veces son ineficientes leyendo las señales no verbales, razón por la que pueden evidenciar una torpeza social, al aparecer como sujetos fríos e insensibles. Está claro que la insensibilidad a las emociones de los demás socava las relaciones interpersonales. Los individuos que manifiestan incapacidad empática no saben leer su radar social, motivo por el que –algunas veces sin proponérselo– dañan la intimidad emocional de quienes tratan, pues al no validar los sentimientos y emociones del otro, éste se siente molesto, herido o ignorado.

En el grado extremo de la carencia de esta habilidad están, por una parte, los alexitímicos (personas incapaces de expresar los propios sentimientos y de percibir adecuadamente los de terceros) y, por la otra, los elementos antisociales o los psicópatas, quienes guardan poca o ninguna consideración por los sentimientos ajenos y pueden más bien, en muchos casos, manipularlas en propio beneficio.

Cualquier tipo de relación, amical, marital, familiar o de trabajo, puede verse afectada por esta capacidad. De hecho, investigaciones diversas demuestran que es una habilidad esencial en muchas ocupaciones, especialmente en aquéllas que tienen que ver con el trato al público, las ventas, las relaciones públicas, los recursos humanos, la administración, por citar algunas. Lo cierto es que sus aplicaciones pueden ser diversas, en la formación de líderes, en estudios de identificación de necesidades organizacionales y/o del mercado, en consultoría organizacional, en psicoterapia, en medicina, entre otros. En todas éstas es una habilidad crucial para alcanzar la excelencia.

Dentro de otros zapatos

El proceder con empatía no significa estar de acuerdo con el otro. No implica dejar de lado las propias convicciones y asumir como propias la del otro. Es más, se puede estar en completo desacuerdo con alguien, sin por ello dejar de ser empáticos y respetar su posición, aceptando como legítimas sus propias motivaciones.

A través de la lectura de las necesidades de los demás, podemos reajustar nuestro actuar y siempre que procedamos con sincero interés ello repercutirá en beneficio de nuestras relaciones personales. Pero ello es algo a lo que debemos estar atentos en todo momento, pues lo que funciona con una persona no funciona necesariamente con otra, o es más, lo que en un momento funciona con una persona puede no servir en otro con la misma.

Mahatma Gandhi sostenía alguna vez lo siguiente «las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista»; en coherencia con ello, él decidió no proceder con violencia en su propósito por lograr la independencia de su país, y contra todo pronóstico la “resistencia pacífica” que propulsó fue el arma decisiva en la consecución de la ansiada liberación de su patria, la India.

Ciertamente no tenemos que ser como Gandhi para darnos cuenta que existen sutiles “armas” que podemos usar en beneficio propio y de los demás, que no son para destruir sino para hacer florecer relaciones provechosas en aras de nuestro crecimiento como seres humanos. Finalmente, no es exagerado sostener que las bases de la moralidad misma pueden hallarse en la empatía, en la cual a su vez (al ser llevada con integridad) está la raíz del altruismo.

http://data.terra.com.pe/decideya/Profesion_Vocacion/edicion_6/empatia.asp

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Por suerte, existe también este tipo de hombres, que no se deja llevar por la cultura dominante que mantiene a hombres y mujeres en clichés inamovibles.

El artículo completo está publicado en la web de AHIGE y Escrito por Julián Fernández de Quero :

http://boletin.ahige.org/index.php?option=com_content&task=view&id=803&Itemid=66

ALTERNATIVAS AL COITOCENTRISMO QUE FACILITEN LAS RELACIONES HUMANAS

Es difícil pensar en cómo podría ser una SOCIEDAD DE PERSONAS en la que el Género dejara de tener sentido, pero precisamente ese es el movimiento dialéctico de la inteligencia que genera Civilización y Cultura Humana. Si como dice José Antonio Marina, “llevamos doscientos mil años saliendo de la selva de la Naturaleza e inventándonos a nosotros mismos” , ello es debido a la capacidad humana de contraponer a las carencias de la realidad, la imaginación de las posibles soluciones que satisfagan los deseos. Desde “La República” de Platón, pasando por la “Utopía” de Tomás Moro, hasta los falansterios de los socialistas utópicos del siglo XIX, “El Mundo Feliz” de Huxley , las comunas hippies y las distintas propuestas que nos hace la literatura y el cine de ciencia ficción, los humanos intentamos proyectar hacia el futuro la solución de los problemas del presente o las consecuencias trágicas de su permanencia. Esa tensión dialéctica entre lo que queremos y lo que tenemos, es la rica matriz de la que surgen los cambios y las transformación sociales y personales.
Desde la Cultura de Género presente, dominada por los estereotipos y prejuicios coitocéntricos, podemos pensar y reflexionar acerca de las actitudes que permitirían superarlos y así facilitar unas relaciones humanas armónicas y felices.

1. La premisa inicial y básica para esa Sociedad de Personas, implica que hombres y mujeres se relacionan desde el reconocimiento de la igualdad social y la diferencia individual. A cada individuo se le reconocen sus valores y sus defectos en cuanto pertenecientes a sí mismos y no por el hecho de pertenecer al género femenino o masculino. Una persona puede ser inteligente o torpe, simpática o antipática, dulce o bruta, no por ser mujer u hombre, sino porque ella es así. Estereotipos como “todos los hombres son unos brutos” o “todas las mujeres son unas histéricas” desaparecerían del discurso común por falsas y vacías de contenido. Este reconocimiento de la diferencia individual implica la instauración de una regulación social basada en la igualdad de derechos, desde “igual trabajo, igual salario” hasta “equipos paritarios para la administración política de lo público” por poner solo dos ejemplos relevantes.

2. En el ámbito de la erotofilia, la educación sexual y afectiva incidiría en el desarrollo de las capacidades de autocontrol para evitar comportamientos inducidos por las pulsiones copulatoria y reproductiva. Estereotipos como “follar es una necesidad biológica” o “la maternidad es el fin sublime de la mujer” dejarían de tener sentido en una sociedad en la que tanto las relaciones eróticas como reproductivas partirían de la consciente y voluntaria decisión de las personas y no como impulsos irracionales imposibles de controlar.

3. Las relaciones humanas se organizan dando prioridad a las empatías psíquicas como punto de partida de las vinculaciones afectivas y las demostraciones de afecto. Esto no anula la capacidad de relación que surge a partir de la atracción física, pero la incluye como un elemento más, sin darle más importancia ni relevancia que la que tiene. La relación Sujeto – Objeto erótico desaparece porque es más importante la simpatía que la belleza, querer que poseer. Lo importante es amar y ser amado, no desear y ser deseado.

4. El clima afectivo fomenta la autoestima y permite que las relaciones se establezcan desde la sinceridad, la autonomía, el cooperar y compartir y no desde la seducción engañosa, la apariencia histriónica, la dependencia afectiva y la manipulación del poder. La sinceridad y la honestidad fomentan las estabilidad de las relaciones y el logro de vinculaciones afectivas duraderas.

5. Cuando una persona madura se siente atraída eróticamente por otra, pide sin tapujos (lo que no está reñido con la seducción sincera, la amabilidad y la poesía) y acepta las negativas sin frustración, porque tiene en cuenta la libertad de la otra para decidir la aceptación o el rechazo y porque es consciente de que su deseo sólo puede verse cumplido si coincide con el deseo de la otra, es decir, si hay mutuo acuerdo en las propuestas, única forma de que la relación sea de Sujeto a Sujeto y no de Sujeto a Objeto.

6. La pareja estable se concibe como una forma, no exclusiva, de satisfacer el deseo de vinculación afectiva, recuperando las vinculaciones de apego familiar, y por ello, como una forma de crecimiento personal. Por lo tanto, no cabe la añoranza por etapas anteriores vividas como mejores, ni sentir la pareja como una pérdida de libertad sino todo lo contrario, como el acceso a una etapa vital de mayor libertad, mayor seguridad afectiva y mayor capacidad de proyectos compartidos que antes no se tenían.

7. Desde la consideración de que las relaciones sexuales tienen una función de comunicación afectiva y placer compartido entre Sujetos, la tensión sexual generada por la afluencia de estímulos externos o fantaseados, tan abundantes en una sociedad que comercializa con el sexo, se descarga habitualmente mediante el autoerotismo, que genera estados de placidez y bienestar personal que ayuda a las personas a desarrollar actitudes pacíficas, comunicativas y respetuosas, permitiendo que las relaciones con las demás se planteen sin obsesiones de posesión ni urgencias de descarga. La masturbación es la alternativa para superar la pulsión copulatoria y debería ser rehabilitada como comportamiento erótico humano e incluída en los programas de educación sexual con especial énfasis.

8. El fomento de la empatía, definida como la capacidad natural de ponerse en el lugar de las otras personas, desarrolla sentimientos altruistas que permiten la cooperación y el reparto, la solidaridad y el apoyo mutuo. En las relaciones de pareja este desarrollo empático es imprescindible para cultivar la comunicación y la negociación pacífica de los conflictos que surgen de la idiosincrasia individual de cada sujeto y permite que las relaciones vayan tiñéndose de complicidad y apego, elementos imprescindibles para la estabilidad de la pareja.

9. La empatía y el altruismo sólo son positivos desde una personalidad madura, es decir, que se siente capacitada para la autogestión, la autoestima y la creatividad. Una persona segura de sí misma, con un nivel de amor propio adecuado y una buena autoimagen, es la que puede establecer relaciones eróticas y afectivas con las demás desde la empatía y el altruismo y no desde la subordinación cognitiva, la dependencia afectiva y la sumisión conductual.

10. Las relaciones eróticas se convierten en holísticas y hedonistas, el placer y el afecto se pueden compartir de múltiples maneras, desde una forma de bailar, una comida compartida, un paseo a la luz de la luna , una lluvia de besos, una masaje sensual, caricias bucogentiales, heteromasturbación, coito anal y vaginal, pseudocoito, etc., etc. En el marco de este erotismo global, el coito se integra como una técnica erótica más, ni más ni menos importante que las demás, que puede estar presente en una relación sexual o no estarlo, sin ansiedades, ni miedos al desempeño, ni imposiciones.

11. La pulsión copulatoria desaparece como resultado de la combinación de varios cambios actitudinales: Primero, la tensión sexual producida por los estímulos eróticos habituales se descarga preferentemente mediante la masturbación (algo que ya se hace ahora pero no se reconoce) y se integra como un elemento más de la relación erótica. Segundo, las relaciones se establecen desde la prioridad de los atractivos biopsicosociales, buscando más el placer que produce la comunicación empática y afectiva que no el mero atractivo físico. Tercero, la comunicación es placentera en la medida que se desarrolla entre iguales, desde la sinceridad y la honestidad y no desde la engañosa seducción que manipula el poder.

12. Por último, la pulsión reproductiva desaparece desde la educación que lleva a concebir la maternidad como una posibilidad de realización personal, libre y voluntaria y, por lo tanto, opcional, que no es incompatible con otros proyectos de realización personal (laboral, profesional, literaria, artística, etc.) y que no es exclusiva ni excluyente sino que necesita de la cooperación, el reparto y la ayuda mutua. Opción que no todas las mujeres tienen por qué elegir, sin ningún menoscabo de su personalidad ni de su reconocimiento social.



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