Psicología de la Sexualidad y la Pareja

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He encontrado una interesante web que habla del matriarcado femenino. Me ha gustado por lo bien asentada que está su reflexión, no os asustéis de que se llame cristiano, al fin y al cabo, si la religión ha hecho tanto daño a las mujeres, bien está que sea también algunas voces disidentes quienes le devuelvan su papel. Os copio aquí uno de los artículos interesantes que se pueden encontrar:

La dignidad del varón matriarcal.

Mujer, ¿cómo saber si el amor de tu compañero es sincero e incondicional?
Sencillo, si éste accede a que vuestros hijos lleven el apellido materno en primer lugar.
En caso de negarse a ello, ten por seguro que ese hombre no vale la pena, es igual de egoísta que sus congéneres, no merece ser calificado de matriarcal. Es un adepto más del androcentrismo y la mentira patriarcal.

Aunque un varón se vista de progresista, inconformista, comunista, rebelde, antisistema, anarquista, sindicalista, liberado,… por muy revolucionario que aparente ser, mujer, mientras no sea capaz de anteponer tu apellido al suyo, es un ser egocéntrico y patriarcal, incapaz de mirar más allá de sí mismo, incapaz de negarse a sí mismo por amor a ti, una diosa. Sólo desea tu cuerpo para satisfacer la voracidad de su apetito. Con el tiempo se volverá contra ti, como todos los patriarcas, y te anulará aún cuando otrora te adorase, o callará a regañadientes acumulando rencor contra ti, desorientado.

El varón que libremente decide negarse a sí mismo por amor a la Mujer, no sólo reniega de su ego, de la violencia y del autoritarismo, además demuestra un nivel de libertad interior que le dignifica al haber elegido la mejor parte. Es el paradigma de hombre libre, el que ha superado las determinaciones biológicas para someterlas a la elección del amor incondicional. Pues entregarse en actitud de servicio total y desinteresado a la mujer no significa renegar de la libertad personal. De hecho, el varón siempre tendrá la libertad de abandonar a la mujer si ésta no le respeta. Él no es esclavo de nadie.

Es el hombre que se siente libre de sus condicionamientos culturales y biológicos. Es la libertad que procede de la presencia femenina que lo habita, y nadie puede arrebatársela. Ha descubierto una llama sagrada en su interior, la misma que mora en los espíritus de sus hermanas, y por fin las mira con ojos nuevos, ojos de admiración y respeto.

El varón matriarcal se reconoce a sí mismo, por fin, en el rostro de cada mujer. Puede compartir sus penas y alegrías, puede dejar de juzgarla por su físico, puede agradecer su amistad. Contempla su belleza con encanto, sin el deseo de poseerla, pues se identifica con ella espiritualmente.

El varón matriarcal es digno ante la Madre Naturaleza, ante la humanidad y ante sí mismo. Poco le importan las descalificaciones del resto de patriarcas quienes todavía siguen esclavos de su propia ceguera, acomodados en su inseguridad disfrazada de autoritarismo.

¡Mirad al nuevo hombre, entregado a la Madre Naturaleza, de la que se reconoce Hijo, y de la que recibió la vida en el templo uterino!

El varón libre ya no vive como los hombres, ya no mira como el resto, ya no siente miedo a la muerte, sabe que la Diosa está de su parte. Se siente bendecido por haber nacido de mujer, por sentirse parte de la Vida y por haber tomado distancia de sus fantasías alienantes. Desea con todas sus fuerzas fundirse en la sabiduría femenina, guiarse por ella, dejarse contagiar por su alegría y danzar a su ritmo, sea cual fuere.

El varón matriarcal se deja sorprender por la mujer, no sabe adónde le conducirá, no sabe qué esperar de ella, y sólo por ella saborea la vida. Es el hombre que no se resiste al canto de las sirenas y se deja arrastrar por ellas, confiado, sabiendo que no hay muerte allí donde hay amor.

Es el hombre que ha descubierto que la felicidad no la dan las posesiones ni las riquezas, ni el poder, ni la fuerza. La felicidad está en servir a la Vida, en concreto a aquellas que la transmiten, abandonarse a su pasión por la vida, satisfacer sus deseos, y reverenciar el profundo amor que siente la madre por sus hijos.

Restaurar la matrilinealidad es el primer paso para socavar los fundamentos del patriarcado. Es la primera demanda que se le debe hacer a cualquier varón que anhele la auténtica libertad.



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Tanto si hablamos de relacion de pareja, o entre padres e hijos,  o amistad. La capacidad de ponernos en el lugar de otro, va a faciltar saber cómo se siente y comprenderle. La falta de empatía sin embargo produce el efecto contrario, frialdad, incomprensión y daña las relaciones hasta romperlas en muchos casos.

Os dejo un artículo sencillo y claro sobre la empatía:

Uno de los elementos clave que forma parte la inteligencia emocional, es la empatía, la cual pertenece al dominio interpersonal. La empatía es el rasgo característico de las relaciones interpersonales exitosas.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de empatía? La empatía no es otra que “la habilidad para estar consciente de, reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás”. En otras palabras, el ser empáticos es el ser capaces de “leer” emocionalmente a las personas.

Es sin duda una habilidad que, empleada con acierto, facilita el desenvolvimiento y progreso de todo tipo de relación entre dos o más personas. Así como la autoconciencia emocional es un elemento importantísimo en la potenciación de las habilidades intrapersonales de la inteligencia emocional, la empatía viene a ser algo así como nuestra conciencia social, pues a través de ella se pueden apreciar los sentimientos y necesidades de los demás, dando pie a la calidez emocional, el compromiso, el afecto y la sensibilidad. Veamos su importancia.

El Radar Social

Si por un lado, un déficit en nuestra capacidad de autoconciencia emocional nos lleva a ser vistos como analfabetos emocionales (iletrados en el “abc” del reconocimiento de las propias emociones), una insuficiencia en nuestra habilidad empática es el resultado de una sordera emocional, pues a partir de ello, no tardan en evidenciarse fallas en nuestra capacidad para interpretar adecuadamente las necesidades de los demás, aquéllas que subyacen a los sentimientos expresos de las personas.

Por ello la empatía es algo así como nuestro radar social, el cual nos permite navegar con acierto en el propio mar de nuestras relaciones. Si no le prestamos atención, con seguridad equivocaremos el rumbo y difícilmente arribaremos a buen puerto. Revisemos ahora con detenimiento en qué nos es útil.

A través de los cristales del otro

No es raro que se crea comprender al otro sólo en base a lo que notamos superficialmente. Pero lo peor puede venir al confrontar su posición con la nuestra y no “ver” más allá de nuestra propia perspectiva y de lo aparentemente “evidente”.

Debemos saber que nuestras relaciones se basan no sólo en contenidos manifiestos verbalmente, sino que existen muchísimos otros mecanismos llenos de significado, que siempre están ahí y de los que no siempre sabemos sacar partido. La postura, el tono o intensidad de voz, la mirada, un gesto e incluso el silencio mismo, todos son portadores de gran información, que siempre está ahí, para ser decodificada y darle la interpretación apropiada. De hecho, no podemos leer las mentes, pero sí existen muchas sutiles señales, a veces “invisibles” en apariencia, las cuales debemos aprender a “leer”.

Un individuo empático puede ser descrito como una persona habilidosa en leer las situaciones mientras tienen lugar, ajustándose a las mismas conforme éstas lo requieran; al saber que una situación no es estática, sacan provecho de la retroalimentación, toda vez que saben que el ignorar las distintas señales que reciben puede ser perjudicial en su relación. Es también alguien que cuenta con una buena capacidad de escucha, diestra en leer “pistas” no verbales; sabe cuando hablar y cuando no, todo lo cual le facilita el camino para influenciar y regular de manera constructiva las emociones de los demás, beneficiando así sus relaciones interpersonales. Pueden ser buenos negociadores, orientados hacia un escenario donde todas las partes salgan ganando.

Por otro lado, las personas débiles en esta habilidad tienen dificultades para “leer” e interpretar correctamente las emociones de los demás, no saben escuchar, y muchas veces son ineficientes leyendo las señales no verbales, razón por la que pueden evidenciar una torpeza social, al aparecer como sujetos fríos e insensibles. Está claro que la insensibilidad a las emociones de los demás socava las relaciones interpersonales. Los individuos que manifiestan incapacidad empática no saben leer su radar social, motivo por el que –algunas veces sin proponérselo– dañan la intimidad emocional de quienes tratan, pues al no validar los sentimientos y emociones del otro, éste se siente molesto, herido o ignorado.

En el grado extremo de la carencia de esta habilidad están, por una parte, los alexitímicos (personas incapaces de expresar los propios sentimientos y de percibir adecuadamente los de terceros) y, por la otra, los elementos antisociales o los psicópatas, quienes guardan poca o ninguna consideración por los sentimientos ajenos y pueden más bien, en muchos casos, manipularlas en propio beneficio.

Cualquier tipo de relación, amical, marital, familiar o de trabajo, puede verse afectada por esta capacidad. De hecho, investigaciones diversas demuestran que es una habilidad esencial en muchas ocupaciones, especialmente en aquéllas que tienen que ver con el trato al público, las ventas, las relaciones públicas, los recursos humanos, la administración, por citar algunas. Lo cierto es que sus aplicaciones pueden ser diversas, en la formación de líderes, en estudios de identificación de necesidades organizacionales y/o del mercado, en consultoría organizacional, en psicoterapia, en medicina, entre otros. En todas éstas es una habilidad crucial para alcanzar la excelencia.

Dentro de otros zapatos

El proceder con empatía no significa estar de acuerdo con el otro. No implica dejar de lado las propias convicciones y asumir como propias la del otro. Es más, se puede estar en completo desacuerdo con alguien, sin por ello dejar de ser empáticos y respetar su posición, aceptando como legítimas sus propias motivaciones.

A través de la lectura de las necesidades de los demás, podemos reajustar nuestro actuar y siempre que procedamos con sincero interés ello repercutirá en beneficio de nuestras relaciones personales. Pero ello es algo a lo que debemos estar atentos en todo momento, pues lo que funciona con una persona no funciona necesariamente con otra, o es más, lo que en un momento funciona con una persona puede no servir en otro con la misma.

Mahatma Gandhi sostenía alguna vez lo siguiente «las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista»; en coherencia con ello, él decidió no proceder con violencia en su propósito por lograr la independencia de su país, y contra todo pronóstico la “resistencia pacífica” que propulsó fue el arma decisiva en la consecución de la ansiada liberación de su patria, la India.

Ciertamente no tenemos que ser como Gandhi para darnos cuenta que existen sutiles “armas” que podemos usar en beneficio propio y de los demás, que no son para destruir sino para hacer florecer relaciones provechosas en aras de nuestro crecimiento como seres humanos. Finalmente, no es exagerado sostener que las bases de la moralidad misma pueden hallarse en la empatía, en la cual a su vez (al ser llevada con integridad) está la raíz del altruismo.

http://data.terra.com.pe/decideya/Profesion_Vocacion/edicion_6/empatia.asp

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Os dejo este enlace de una página interactiva que se se ha puesto en marcha en España para la educación sexual, prevención del maltrato, etc.
Es muy completa. Incluye desde una zona interactiva a modo de juego, como diccionario, etc.

Espero que os sea de utilidad.


http://webpages.ull.es/users/manarea/sexpresan/multimedia/Sexpresan.swf



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He encontrado casi de casualidad el blog de Juan Masiá Clavel, un excelente teólogo católico experto en Bioética. Reproduzco aquí  parte de un artículo suyo por el intachable análisis y opciones posibles ante una situación que bien nos puede ocurrir a cualquiera. A los hombres y mujeres casados, a los comprometidos con el celibato por motivos religiosos, etc. Masía contesta desde su condición de sacerdote y jesuita, pero las opciones que plantea bien pueden servir para las parejas.

[…] La respuesta anterior anima a la periodista a disparar al corazón, cambia del usted al tú de repente y me dice: “Última pregunta. Te reto a que me contestes. No me negarás que te habrás enamorado alguna vez después de tu opción de celibato. ¿Qué pasa entonces con esa tentación?”

Le contesto: Pero, mujer, ¿cómo llamas tentación a lo que es una gracia? La tentación, en todo caso, vendrá después, si viene. Además, déjame que te interpele. Cuando hablas de tentación, ¿crees que la única tentación se llama acostarse? Venga, hagamos fenomenología desde la experiencia.

Una persona, varón o mujer, con opción de celibato se encuentra en una situación de enamoramiento. Analicémosla. Lo primero de todo, descubre un amor (si es que le llega la pubertad con retraso), o bien confirma (si es que ya lo había descubierto antes) que es capaz de querer y ser querida. Por tanto, es una gracia.

Pero, a continuación, se plantean preguntas lacerantes: ¿Es lo mismo estar eamorado y amar? ¿Se puede amar más y mejor? ¿Se puede amar sin sufrir? Si no quieres sufrir no ames, pero si no amas, ¿para qué quieres vivir? ¿Dónde están los límites entre el amor y la posesividad, dependencia o dominación? ¿No viola la dignidad de las personas la sugerencia de prometer lo que no podemos dar, el fomentar expectativas de amor exclusivo que no vamos a satisfacer?…

No he hecho más que poner unos pocos ejemplos de cuestionamientos que se plantean a quien no quiera caer en la tentación de no elegir.(Esa es la gran tentación y no las llamadas tentaciones carnales, que se quedan en la superficie).

Pues bien, estas situaciones pueden tener los siguientes desenlaces posibles:

1) Con ocasión del enamoramiento, descubre esa persona célibe que debería cambiar su opción y, tras discernirlo, opta en paz por un cambio de ruta en su vida.

2) No quiere cambiar su opción; por una parte,las fuertes represiones que tiene no le permiten tampoco ceder a sus impulsos, pero al mismo tiempo siembra expectativas en la otra persona, con lo cuál la daña y se daña.

3) No quiere cambiar su opción, pero se desliza por la pendiente resbaladiza de comportamientos ambiguos (que a veces se han llamado una “tercera vía”), facilitados a su vez por la otra persona. Se producen entonces situaciones de doble vida que, a la larga, no ayudan a ninguna de las dos y pueden llegar a repercutir en daño o escándalo de terceras personas.

4) Se pone a la defensiva, se endurece y aparenta frialdad y moral estricta, se incapacita para amar y, por tanto, se incapacita para su ministerio.

5) Y queda la “quinta alternativa”. La “quinta alternativa” (pierdo el pudor al contarla) es algo sublimemente maravilloso y doloroso al mismo tiempo. Pesa tanto la opción fundamental, que no se abandona el camino elegido. Pero se camina sin escolta, es decir, sin la coraza defensiva de frialdad y endurecimiento; se opta, no por querer menos sino más y mejor; se elige día a día una elección, que no se podría elegir por las propias fuerzas. Se reconoce (con temor y temblor) que hay límites que poner. Si era gracia enamorarse, es gracia el aprender a amar más y mejor, a no dejar de querer sin que se dañen mutuamente quienes se quieren.

Esta última quinta alternativa la aprendí de dos personas: una de ellas, un amigo, enamorado de su mujer, pero cautivado por otra, que superó la crisis. Otra, una buena amiga, cuyo trato me hizo comprender que es posible la amistad entrañable entre célibes más allá de la polarización en la sexualidad. (Quienes me entienden me entienden y entienden por qué no entienden quienes no me entienden…)

Al llegar a este punto, concluye la entrevista. La periodista se ha emocionado un poco y dice que no sabe qué va a hacer para editar todo este material. La tranquilizo. Ya tengo el vicio de editar y lo voy a sacar por mi cuenta en el blog en forma de serial.

Se despide cariñosamente la periodista y salimos del café. Me quedo mirándola salir, con esa ternura que con que mira a una joven cuarenta años menor que uno quien no ha tenido hijas ni nietas. Y sigo subrayando con el bolígrafo el pensamiento del filósofo hermeneuta Paul Ricoeur: “lo que empezó por una casualidad, se cultivó en una relación y se consolidó al dar el paso de elegir con una apuesta, acaba por convertirse en un destino, a fuerza de reelegir día a día tu elección”. […]



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Quiero destacar este interesante artículo que publican en su web el colectivo ahige (Asociación de Hombres por la Igualdad de Género) HOMBRES IGUALITARIOS

Desmontando al Hombre (VI): Los Mujeriegos ya no son lo que eran

Escrito por Julián Fernández de Quero
viernes, 20 de marzo de 2009

Uno de los estereotipos más difundidos por la Cultura de los Géneros es la innata tendencia a la poligamia -entendida como promiscuidad- de los hombres frente a la monogamia de las mujeres. Incluso desde el ámbito científico, numerosas obras publicadas en las últimas décadas, influidas por la sociobiología -una disciplina que tiene como axioma la naturalización de todo el comportamiento humano a partir de la consideración de que los genes son los que determinan nuestra vida, siendo el cuerpo una mera estructura habitacional donde ellos se mantienen y reproducen- intentan justificar dicho prejuicio a partir de las necesidades reproductoras de los organismos vivos.

Así, el mandato genético induciría a los machos a las relaciones sexuales poligámicas para aumentar la eficacia reproductora de la especie, consiguiendo que un solo macho deje preñadas a un mayor número de hembras, mientras que las hembras, más vulnerables y dependientes de la crianza, trazarían estrategias de fidelización monogámica captando al macho más fuerte para, por un lado, asegurarse una prole genéticamente más sana y con más probabilidades de sobrevivir y, por otro, asegurar la protección y la provisión alimenticia necesarias para la supervivencia de la hembra y sus crías.

Con estas afirmaciones, la sociobiología “naturaliza” la familia nuclear burguesa, la división del trabajo entre hombres -provisión, protección y procreación, las famosas “3P” de David Gilmore- y mujeres -reproducción, crianza y cuidados- construida por el Patriarcado y el falocrático dominio de los hombres sobre las mujeres.

Sin ninguna pretensión de “deconstruir” con detalle las teorías pseudocientíficas de la sociobiología, algo que ya han llevado a cabo otros/as autores/as, me permito recordar algunas de las consideraciones que permiten superar dicha concepción ideológica revestida de cientificidad:

– No hay ningún estudio que demuestre la existencia de la familia nuclear desde los orígenes de la especie humana. Por el contrario, numerosos estudios demuestran que durante muchos miles de años, los grupos humanos estuvieron conformados por clanes familiares nómadas de relaciones endogámicas y promiscuas, hábitos alimenticios carroñeros y comportamientos intercambiables entre hombres y mujeres. Era el grupo como conjunto solidario el que se encargaba de la búsqueda de comida, del cuidado de las crías y demás tareas de supervivencia. No había división sexual del trabajo ni comportamientos sexuales diferentes entre hombres y mujeres.

– La evolución matriarcal posterior en numerosos grupos que dejaron de ser nómadas para fijar y estabilizar su residencia, inventando la agricultura y la domesticación de los animales, trajo como consecuencia la expansión del tabú del incesto y otras normas sociales de convivencia, transformando las relaciones de endogámicas en exogámicas, es decir, que los hombres en edad reproductora eran acogidos como huéspedes por los grupos matriarcales durante un corto tiempo -generalmente, durante las fiestas de la fertilidad y otros rituales- para que dejaran embarazas a las mujeres y luego, se volvían a sus grupos de origen, mientras que las mujeres parían y criaban a sus hijos con la protección y los cuidados de todo su clan materno. No había familia nuclear, ni maridos, ni esposas, ni padres. Los primeros linajes eran matrilineales y los lazos sociales se organizaban en torno a la autoridad de las madres.

– La invención del patriarcado y de la propiedad privada trae como consecuencia la división sexual del trabajo, el empoderamiento del hombre como género, una de cuyas principales manifestaciones es la elevación del pene a la categoría de falo, la esclavización de la mujer convertida en objeto de propiedad masculina y el matrimonio como legitimación de la compra que un hombre hace de una mujer para dedicarla a fines reproductores y de crianza que garanticen su linaje y la transmisión de su herencia. Como estudió Claude Levy Strauss, el patriarcado revierte el significado de los tabúes y normas sociales heredadas del matriarcado en beneficio de los varones y en detrimento de las mujeres, entre otras, la exogamia se convierte en un pacto entre familias por el cual, la mujer pasa del sometimiento del padre al del marido, unidos en matrimonio por intereses familiares que nada tienen que ver con la sexualidad y el afecto. El varón adquiere la titularidad de “pater familias” con poder de vida y muerte sobre los demás miembros de la misma. Al estar el poder y la riqueza basados en la propiedad de la tierra, los clanes familiares se convierten en familias extensas que compiten, pactan y guerrean entre ellas para alcanzar el poder supremo.

– Durante los miles de años que dura el patriarcado, los hombres usan del poder y de su fuerza física para someter a las mujeres, eliminando por innecesarios los comportamientos característicos del llamado “cortejo animal” heredados filogenéticamente. Las mujeres son separadas en dos grandes grupos: Las esclavas sexuales sometidas a la pulsión copulatoria de los varones, socialmente degradadas como “animales impúdicos y lujuriosos” y las esclavas reproductoras -matronas- encargadas de la reproducción, crianza de los hijos y cuidados de las personas a su cargo, a las que se les considera asexuadas -no tienen sexo sino útero- y que reciben una cierta consideración social debido a su función.

Por lo tanto, en las épocas premodernas, el hombre de género es un mujeriego poderoso que no tiene ninguna necesidad de seducir para satisfacer sus instintos sexuales puesto que toma a las mujeres de grado o por la fuerza. El acceso a la modernidad supone una variación que tiene que ver con la clase social. La aristocracia y la burguesía reconocen a las mujeres de su misma clase social como miembros de la especie humana, diferente al hombre, pero sujeto de consideración y respeto formal. Las familias que tienen hijas las someten a una estricta educación puritana, ya que la virtud femenina -entendida como pureza y virginidad hasta el matrimonio, pudor y obediencia al padre y al marido- elevan sus posibilidades en el mercado matrimonial. Estas actitudes sociales y familiares convierten a las mujeres decentes en una pieza apetitosa y rodeada de morbosidad para los ociosos caballeros que ejercen de depredadores sexuales.

A partir del siglo XVIII, se inventa un “deporte” masculino entre las clases altas consistente en competir entre los varones para ver quien es el que más mujeres virtuosas logra seducir como manifestación de su potente virilidad y de sus habilidades como seductor. El movimiento de Los Libertinos, Don Juan Tenorio y Giacomo Casanova se convierten en los modelos ideales de la masculinidad, tal como han reflejado películas como “Valmont” o “Las Relaciones peligrosas”, entre otras muchas. Los mujeriegos, además de presumir de una vida licenciosa, repleta de juergas y orgías con prostitutas, queridas y amantes, todas ellas mujeres socialmente degradadas por su condición inmoral, presumían sobre todo de su astucia y habilidad para utilizar el engaño y los modales corteses con el único objetivo de vencer las resistencias de las mujeres decentes y acabar con su virtud puritana.

En todas las cortes europeas se implanta la doble moral de aparentar una cosa y actuar de otras forma de tapadillo. Como argumenta Anthony Giddens en su estupendo libro “La Transformación de la Intimidad” (Ediciones Cátedra, 2006) “Casanova no tendría sitio en las culturas premodernas: es una figura de una sociedad cercana a la modernidad. El no tenía interés en acumular esposas, si tal cosa hubiese sido posible. El sexo era para él una búsqueda nunca acabada, que terminó no por el cumplimiento de una autorrealización o sabiduría, sino sólo por la decrepitud de la edad” Como el mismo autor analiza, la sexualidad del mujeriego responde al síndrome de “sexualidad compulsiva”, entendida como una adicción al sexo similar a la que se puede tener con relación a las drogas, el trabajo, y otras actividades humanas. “Tradicionalmente, el seductor era un aventurero genuino, que desafiaba no sólo a cada mujer, sino a todo el sistema de normativa sexual. Era un subversor de la virtud y luchaba contra otros molinos de viento también, porque la seducción también implicaba desafiar el orden masculino de protección sexual y control.

En cambio, los mujeriegos actuales se están convirtiendo en dinosaurios de una época pasada que producen más grima que admiración. Como vuelve a decir Anthony Giddens, “Los mujeriegos de hoy son producto de transformaciones en la vida personal que se han producido y se mantienen por la fuerza. Son seductores en una era en que la seducción se ha vuelto obsoleta….. La seducción ha perdido significado en una sociedad en la que las mujeres están más dispuestas para los hombres que nunca, aunque -y esto es crucial- sólo apareciendo como iguales a él.”. “Los mujeriegos actuales pueden parecer fósiles de una edad anterior, acechando a su presa con valor, armados sólo con penicilina, preservativos (se supone) y un bagaje para hacer frente al SIDA…. Son seductores, sí, en la medida en que están preocupados -sobre todo- con la conquista sexual y con el ejercicio del poder que ello implica”. ¿Pero, qué premio ofrece la victoria cuando la victoria es tan sencilla?. El autor cita a Graham Hendrick para afirmar que la igualdad sexual conquistada por la mujer actual “disuelve la división arcaica entre las mujeres virtuosas y la corrompidas o degradadas”. Ahora, las mujeres se consideran en el mismo plano de igualdad sexual frente a los hombres, reivindican su derecho a tener la iniciativa, a seducir en función de sus intereses, buscan su propio placer y no consideran que tengan que defender ninguna “virtud” según los cánones de una moral periclitada. Por lo tanto, “una vez que la “muerte” del seductor depende de la destrucción de la virtud, la persecución pierde su dinámica principal…. El mujeriego de hoy no es alguien que cultiva el placer sensual, sino un buscador de emociones en un mundo abierto, lleno de oportunidades sexuales.”

La figura del mujeriego actual hace más evidente aún, si cabe, la dependencia afectiva del hombre de género en relación a la mujer. Aparentando una autonomía de la que carece, presumiendo de una independencia con tintes de misoginia, el mujeriego actual expresa con su búsqueda obsesiva de conquistas sexuales, el rechazo a una madre afectivamente sobreprotectora, para poder construir su identidad masculina, con el obsesivo deseo de una afectividad huérfana. Como dice Giddens, “Su dependencia de las mujeres es bastante obvia, tan obvia que se trata de una influencia que controla sus vidas…. El moderno aventurero sexual ha rechazado el amor romántico, o utiliza su lenguaje sólo como retórica persuasiva. Su dependencia de las mujeres, por tanto, sólo puede ser validada a través de la mecánica de la conquista sexual.”.

Así pues, el mujeriego actual ya no es lo que era. Sus frustraciones, complejos y disfunciones frente a una mujer sexualmente libre, autónoma en sus decisiones y con la autoestima suficiente para no depender del hombre, le convierten en firme candidato a las consultas de la terapia sexual y de la psicología. Las nuevas condiciones creadas por las actitudes de las mujeres actuales, le obligan a un cambio necesario para salvar su integridad. Giddens apunta a la construcción de un nuevo tipo de relaciones que llama “la pura relación”, basada en la superación de la relación de “sujeto a objeto” tradicional y convertida en una relación de “sujeto a sujeto”, cuyos términos se plantean de un plano de igualdad y cuyos objetivos deben negociarse y pactarse de mutuo acuerdo. De esa pura relación derivan la conductas de una “sexualidad plástica”, más personalizada y diversa, superadora del obsesivo coitocentrismo de épocas pasadas y la posibilidad de un “amor confluente” fruto de una transformación de la intimidad que convierte la relación en un proyecto de vida negociado y consensuado, cuyas premisas son la honradez sincera de las propuestas, la expresión sin vergüenzas de las propias necesidades y vulnerabilidades y la empatía necesaria para que la búsqueda de la propia felicidad pase por la felicidad de la otra persona.

El enlace completo: http://boletin.ahige.org/index.php?option=com_content&task=view&id=860&Itemid=66



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La mayoría de los niños de 12 años ya están listos para saber acerca del sexo y la reproducción. Quieren saber sobre las relaciones sexuales y relaciones sociales. Necesitan saber acerca de las infecciones transmitidas sexualmente, los métodos anticonceptivos, y las consecuencias del embarazo durante la adolescencia. Y necesitan saber como todo esto puede afectar su vida.

Los jóvenes deben aprender como decir “no” y entender lo que es el “sexo seguro.” El “sexo seguro” reduce el riesgo de transmitir infecciones transmitidas sexualmente. Deben saber como tener relaciones sin herirse o herir a otras personas. Y deben saber que ellos son responsables por lo que hacen.

Los adolescentes pueden ser blancos fáciles para los malos consejos y la presión de sus amistades y compañeros(as). Asegúreles que su sexualidad y sus sentimientos son normales. Los jóvenes homosexuales necesitan aun más seguridad de que son normales.

Todos los adolescentes tienen que tomar decisiones sexuales. Los padres y sus niños pueden considerar la siguiente lista de preguntas. Los padres pueden pensar como ellos hubieran contestado estas preguntas cuando ellos eran niños:

* ¿Estas apenado de ser “virgen?”
* ¿Sabes como protegerte contra el embarazo y las infecciones?
* ¿Te están presionando a tener relaciones sexuales?
* ¿El tener relaciones sexuales te hará sentirte diferente sobre ti mismo(a)?
* ¿Crees que el tratar de ser popular es una buena razón para tener relaciones sexuales?
* ¿Estas considerando tener relaciones sexuales por que estas enojado(a) con tus padres?
* ¿Sabes cuales son tus limites?
* ¿Vas a poder decirle a tus compañeros sexuales cuales son tus limites?
* ¿Estas emocionalmente y económicamente preparado(a) para aceptar las consecuencias de un embarazo o de una enfermedad?

CONSEJOS PARA PADRES

* Sea un buen ejemplo para demostrar a los niños como se enriquece la vida a través de los valores.
* Asegúreles que son normales.
* Desarrolle la  auto-estima de sus hijos — reconozca sus talentos y logros, de consejos constructivos y evite la critica y el castigo.
* Respeta la privacidad del adolescente tanto como valora su privacidad. No curiosee.
* Use nombres correctos para los órganos sexuales y los comportamientos sexuales.
* Aproveche los “momentos oportunos para la enseñanza.” El embarazo de una amistad, chismes en el vecindario o programas en la televisión pueden ayudar a empezar una conversación.
* Incluya temas como la orientación sexual, el abuso sexual y la prostitución.
* Sea claro en cuanto a sus valores y déjeles saber a los jóvenes que hay otras personas con diferentes valores sobre la sexualidad. Enséñeles que es importante respetar esas diferencias.
* No use tácticas para asustarlos para evitar que los jóvenes tengan relaciones sexuales — eso no funciona.
* De respuestas honestas, cortas y sencillas.
* Admita cuando no sabe la respuesta. Podemos ayudarles a nuestros niños a encontrar la respuesta en un libro o algún otro lado.
* No asuma nada. Por ejemplo, si el niño o la niña le pregunta “¿Qué edad tiene que tener para tener relaciones sexuales?” no quiere decir, “Estoy pensando en tener relaciones sexuales.”
* Que sepan los niños que usted está disponible y acostumbre a compartir lo que esta pensando y sintiendo.
* Hágales preguntas aunque ellos no las hagan — preguntas sobre lo que piensan y lo que saben.
* Decida lo que quiere decir acerca de sus sentimientos y valores antes de hablar.
* Deje que sus expresiones faciales, el tono de voz y el lenguaje del cuerpo apoye lo que dice con las palabras.
* Conozca el mundo en que viven nuestros niños. ¿Que presiones están viviendo? ¿Que es lo que ellos consideran normal?

Nuestros niños viven en una época en donde pueden criarse con la información sobre la salud sexual que necesitan para expresar y celebrar su sexualidad mientras se protegen ellos y a sus parejas contra el daño emocional y físico.

Autora — Susan Newcomer Ph.D.
Actualización — Chelsea Nelson
Traducción — Emi Canahuati



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“Afirmar que el preservativo no es eficaz manipula la verdad científica y agrava el problema mundial del sida”


La Sociedad Española de Contracepción (SEC) y la Fundación Española de Contracepción (FEC) han elaborado un manifiesto en defensa de la prevención de las infecciones de transmisión sexual/SIDA al hilo de las declaraciones hechas recientemente por el Papa Benedicto XVI. La SEC es una sociedad científica compuesta por más de medio millar de médicos, ginecólogos y profesionales de enfermería. La SEC está presidida por la Dra. Esther de la Viuda y la FEC por el Dr. Ezequiel Pérez Campos. El texto del manifiesto es el siguiente:

Manifiesto de la SEC/FEC frente al cuestionamiento del preservativo como método de prevención de las infecciones de transmisión sexual / SIDA

Ante las recientes declaraciones de la máxima jerarquía católica referentes sobre la no idoneidad de la difusión del condón para prevenir el SIDA e incluso de su carácter contraproducente, la SEC y la FEC, en su intención de mantener una adecuada información sobre temas que afectan a la salud sexual y reproductiva, a la luz de las evidencias científicas, se ven en la obligación de manifestar:

1) Nuestro respeto a cualquier posición ideológica favorable o contraria a la utilización de los métodos anticonceptivos en general, y el preservativo en particular, por parte de los que compartan una determinada doctrina y posicionamiento religioso.

2) Nuestra total oposición a la manipulación con afirmaciones que no responden a la evidencia científica para intentar que prevalezcan dichas doctrinas, desvirtuando las mismas, al no verse reforzadas por una elección libre de las personas sino mediatizada por faltas a la verdad.

3) La afirmación incuestionable de la Ciencia médica del efecto beneficioso del preservativo en el control de la difusión de las infecciones de transmisión sexual en general y el SIDA/VIH en particular. Este hecho claramente demostrado ya no admite discusión entre la comunidad científica.

4) Existen igualmente evidencias científicas de que el planteamiento de evitación de las ITS con el compromiso de abstinencia, arroja datos de presencia de este tipo de patología no inferiores a los de la población general, por lo que este tipo de intervención no resulta una eficaz medida de prevención.

5) La enorme importancia de informaciones objetivas para la libre elección informada de la población sobre si prefiere el preservativo o la abstinencia para prevenir las ITS y el SIDA. En la seguridad de la convicción religiosa, no se necesitan argumentos falaces para su seguimiento.

Con la intención de preservar la prevalencia de la evidencia científica y la libertad de elección informada de las personas, consideramos prioritario mantener las afirmaciones que la ciencia nos aporta respecto a la eficacia del preservativo en la prevención de las ITS y el SIDA/VIH. Afirmaciones en otro sentido podrían agravar el problema, especialmente en lugares como el África subsahariana, con 22 millones de afectos por la infección del VIH, verdadera tragedia para toda esta población que requiere acciones decididas a la luz de las realidades científicas, sin perjuicio de que las ideologías religiosas indiquen a sus adeptos cuál es el camino que su doctrina admite. Cada uno es libre de seguir el camino que quiera, pero es injusto manipular la verdad científica para conseguir una actuación humana que se adecue a una concepción concreta del mundo, la vida y las relaciones entre las personas.



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