Psicología de la Sexualidad y la Pareja

Archive for abril 2009


He encontrado casi de casualidad el blog de Juan Masiá Clavel, un excelente teólogo católico experto en Bioética. Reproduzco aquí  parte de un artículo suyo por el intachable análisis y opciones posibles ante una situación que bien nos puede ocurrir a cualquiera. A los hombres y mujeres casados, a los comprometidos con el celibato por motivos religiosos, etc. Masía contesta desde su condición de sacerdote y jesuita, pero las opciones que plantea bien pueden servir para las parejas.

[…] La respuesta anterior anima a la periodista a disparar al corazón, cambia del usted al tú de repente y me dice: “Última pregunta. Te reto a que me contestes. No me negarás que te habrás enamorado alguna vez después de tu opción de celibato. ¿Qué pasa entonces con esa tentación?”

Le contesto: Pero, mujer, ¿cómo llamas tentación a lo que es una gracia? La tentación, en todo caso, vendrá después, si viene. Además, déjame que te interpele. Cuando hablas de tentación, ¿crees que la única tentación se llama acostarse? Venga, hagamos fenomenología desde la experiencia.

Una persona, varón o mujer, con opción de celibato se encuentra en una situación de enamoramiento. Analicémosla. Lo primero de todo, descubre un amor (si es que le llega la pubertad con retraso), o bien confirma (si es que ya lo había descubierto antes) que es capaz de querer y ser querida. Por tanto, es una gracia.

Pero, a continuación, se plantean preguntas lacerantes: ¿Es lo mismo estar eamorado y amar? ¿Se puede amar más y mejor? ¿Se puede amar sin sufrir? Si no quieres sufrir no ames, pero si no amas, ¿para qué quieres vivir? ¿Dónde están los límites entre el amor y la posesividad, dependencia o dominación? ¿No viola la dignidad de las personas la sugerencia de prometer lo que no podemos dar, el fomentar expectativas de amor exclusivo que no vamos a satisfacer?…

No he hecho más que poner unos pocos ejemplos de cuestionamientos que se plantean a quien no quiera caer en la tentación de no elegir.(Esa es la gran tentación y no las llamadas tentaciones carnales, que se quedan en la superficie).

Pues bien, estas situaciones pueden tener los siguientes desenlaces posibles:

1) Con ocasión del enamoramiento, descubre esa persona célibe que debería cambiar su opción y, tras discernirlo, opta en paz por un cambio de ruta en su vida.

2) No quiere cambiar su opción; por una parte,las fuertes represiones que tiene no le permiten tampoco ceder a sus impulsos, pero al mismo tiempo siembra expectativas en la otra persona, con lo cuál la daña y se daña.

3) No quiere cambiar su opción, pero se desliza por la pendiente resbaladiza de comportamientos ambiguos (que a veces se han llamado una “tercera vía”), facilitados a su vez por la otra persona. Se producen entonces situaciones de doble vida que, a la larga, no ayudan a ninguna de las dos y pueden llegar a repercutir en daño o escándalo de terceras personas.

4) Se pone a la defensiva, se endurece y aparenta frialdad y moral estricta, se incapacita para amar y, por tanto, se incapacita para su ministerio.

5) Y queda la “quinta alternativa”. La “quinta alternativa” (pierdo el pudor al contarla) es algo sublimemente maravilloso y doloroso al mismo tiempo. Pesa tanto la opción fundamental, que no se abandona el camino elegido. Pero se camina sin escolta, es decir, sin la coraza defensiva de frialdad y endurecimiento; se opta, no por querer menos sino más y mejor; se elige día a día una elección, que no se podría elegir por las propias fuerzas. Se reconoce (con temor y temblor) que hay límites que poner. Si era gracia enamorarse, es gracia el aprender a amar más y mejor, a no dejar de querer sin que se dañen mutuamente quienes se quieren.

Esta última quinta alternativa la aprendí de dos personas: una de ellas, un amigo, enamorado de su mujer, pero cautivado por otra, que superó la crisis. Otra, una buena amiga, cuyo trato me hizo comprender que es posible la amistad entrañable entre célibes más allá de la polarización en la sexualidad. (Quienes me entienden me entienden y entienden por qué no entienden quienes no me entienden…)

Al llegar a este punto, concluye la entrevista. La periodista se ha emocionado un poco y dice que no sabe qué va a hacer para editar todo este material. La tranquilizo. Ya tengo el vicio de editar y lo voy a sacar por mi cuenta en el blog en forma de serial.

Se despide cariñosamente la periodista y salimos del café. Me quedo mirándola salir, con esa ternura que con que mira a una joven cuarenta años menor que uno quien no ha tenido hijas ni nietas. Y sigo subrayando con el bolígrafo el pensamiento del filósofo hermeneuta Paul Ricoeur: “lo que empezó por una casualidad, se cultivó en una relación y se consolidó al dar el paso de elegir con una apuesta, acaba por convertirse en un destino, a fuerza de reelegir día a día tu elección”. […]



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Hoy publica El País este interesante artículo de Mónica L. Ferrado.

Un estudio en 15 centros indica una relajación en el uso del preservativo

En los últimos años se está detectando un aumento de las infecciones de transmisión sexual (ITS) en España. Este aumento favorece, además, la infección por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), porque las lesiones que causan en la piel y en las mucosas estas infecciones facilitan su entrada. De hecho, casi una cuarta parte de las personas con sífilis, y una de cada 10 de las que sufren gonorrea, también están infectadas por el VIH, según indica un informe del Ministerio de Sanidad y Políticas Sociales, elaborado con datos de 15 centros sanitarios y penitenciaros de toda España. Una vez más, los datos corroboran la necesidad urgente de aumentar el uso del preservativo.

Quienes más sufren la sífilis y la gonorrea, en este estudio, son hombres de entre 30 y 40 años, con estudios secundarios o superiores. Sólo un 14% de las infecciones corresponden a mujeres. Más de la mitad de los hombres españoles se infectaron en relaciones homosexuales (62% de los casos de sífilis, 50% de los casos de gonorrea). En el momento del diagnóstico, una cuarta parte también estaba infectada por el VIH.

En el 71% de los casos se infectaron durante una relación esporádica. La mayoría no acudió al médico hasta que el cuadro sintomático era realmente importante. Según Ildefonso Hernández, director general de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, además de continuar potenciando el uso del preservativo como protección, también será necesario concienciar sobre el diagnóstico precoz. “El tratamiento precoz de las ITS es importante, no sólo para curarlas, sino también para prevenir el VIH”, añade Hernández.

Muchas de las infecciones se producen por la práctica del sexo oral o anal. Cuando la infección afecta a las zonas genitales, las lesiones son fácilmente visibles. Sin embargo, cuando la infección afecta a la laringe con frecuencia “inicialmente se atribuyen las molestias a una faringitis”, explica Hernández. También se tarda más en detectarla en el ano. Mientras no hay un diagnóstico, aumenta el riesgo de infectar a otras personas.

La sífilis es una enfermedad infecciosa que se transmite a través de la bacteria Treponema pallidum, que sólo vive en el cuerpo humano. Un estudio publicado por la revista The Lancet Infectious indica que su incidencia ha aumentado en casi toda Europa, especialmente en grandes ciudades como Londres, Berlín y París.

La gonorrea está causada por otro microorganismo llamado Neisseria gonorrhoeae. Tras infectarse, los síntomas pueden tardar en aparecer hasta 30 días.

Esta mayor incidencia de las ITS son un indicador de los cambios en el comportamiento sexual de la sociedad, afirma Jordi Casabona, director del Centro de Estudios Epidemiológicos sobre las ITS y Sida de Cataluña. Son el reflejo de una mayor relajación en el uso del preservativo, que se debe a una menor percepción del riesgo sobre el sida a causa de los mejores tratamientos para el VIH. Lo que no se tiene en cuenta es que los tratamientos son de por vida y que, además, hay formas resistentes del virus y muy agresivas.



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Os dejo, a la espera de una opinión de una asociación experta en abusos infantiles, el enlace al vídeo que la profesora de psicología y ferviente defensora provida y similares, Leugim62 (Adelia, según ella misma nos informa), considera pedofílico. Cada persona es libre de pulsar el enlace.

Video de Humor: ensayando para cuando sea mayor

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Edito el título porque a una comentarista le ha parecido que era repugnante y que rayaba la pedofilia. Espero que con este título pueda verlo en lo que es, un vídeo gracioso que muestra a un bebé, en un movimiento espontáneo e inocente, y nos sugiere el movimiento sexual que los adultos conocemos. Lo demás ya será ponerle una carga ideológica que tendrá cada cual en su cabeza.



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Por suerte, existe también este tipo de hombres, que no se deja llevar por la cultura dominante que mantiene a hombres y mujeres en clichés inamovibles.

El artículo completo está publicado en la web de AHIGE y Escrito por Julián Fernández de Quero :

http://boletin.ahige.org/index.php?option=com_content&task=view&id=803&Itemid=66

ALTERNATIVAS AL COITOCENTRISMO QUE FACILITEN LAS RELACIONES HUMANAS

Es difícil pensar en cómo podría ser una SOCIEDAD DE PERSONAS en la que el Género dejara de tener sentido, pero precisamente ese es el movimiento dialéctico de la inteligencia que genera Civilización y Cultura Humana. Si como dice José Antonio Marina, “llevamos doscientos mil años saliendo de la selva de la Naturaleza e inventándonos a nosotros mismos” , ello es debido a la capacidad humana de contraponer a las carencias de la realidad, la imaginación de las posibles soluciones que satisfagan los deseos. Desde “La República” de Platón, pasando por la “Utopía” de Tomás Moro, hasta los falansterios de los socialistas utópicos del siglo XIX, “El Mundo Feliz” de Huxley , las comunas hippies y las distintas propuestas que nos hace la literatura y el cine de ciencia ficción, los humanos intentamos proyectar hacia el futuro la solución de los problemas del presente o las consecuencias trágicas de su permanencia. Esa tensión dialéctica entre lo que queremos y lo que tenemos, es la rica matriz de la que surgen los cambios y las transformación sociales y personales.
Desde la Cultura de Género presente, dominada por los estereotipos y prejuicios coitocéntricos, podemos pensar y reflexionar acerca de las actitudes que permitirían superarlos y así facilitar unas relaciones humanas armónicas y felices.

1. La premisa inicial y básica para esa Sociedad de Personas, implica que hombres y mujeres se relacionan desde el reconocimiento de la igualdad social y la diferencia individual. A cada individuo se le reconocen sus valores y sus defectos en cuanto pertenecientes a sí mismos y no por el hecho de pertenecer al género femenino o masculino. Una persona puede ser inteligente o torpe, simpática o antipática, dulce o bruta, no por ser mujer u hombre, sino porque ella es así. Estereotipos como “todos los hombres son unos brutos” o “todas las mujeres son unas histéricas” desaparecerían del discurso común por falsas y vacías de contenido. Este reconocimiento de la diferencia individual implica la instauración de una regulación social basada en la igualdad de derechos, desde “igual trabajo, igual salario” hasta “equipos paritarios para la administración política de lo público” por poner solo dos ejemplos relevantes.

2. En el ámbito de la erotofilia, la educación sexual y afectiva incidiría en el desarrollo de las capacidades de autocontrol para evitar comportamientos inducidos por las pulsiones copulatoria y reproductiva. Estereotipos como “follar es una necesidad biológica” o “la maternidad es el fin sublime de la mujer” dejarían de tener sentido en una sociedad en la que tanto las relaciones eróticas como reproductivas partirían de la consciente y voluntaria decisión de las personas y no como impulsos irracionales imposibles de controlar.

3. Las relaciones humanas se organizan dando prioridad a las empatías psíquicas como punto de partida de las vinculaciones afectivas y las demostraciones de afecto. Esto no anula la capacidad de relación que surge a partir de la atracción física, pero la incluye como un elemento más, sin darle más importancia ni relevancia que la que tiene. La relación Sujeto – Objeto erótico desaparece porque es más importante la simpatía que la belleza, querer que poseer. Lo importante es amar y ser amado, no desear y ser deseado.

4. El clima afectivo fomenta la autoestima y permite que las relaciones se establezcan desde la sinceridad, la autonomía, el cooperar y compartir y no desde la seducción engañosa, la apariencia histriónica, la dependencia afectiva y la manipulación del poder. La sinceridad y la honestidad fomentan las estabilidad de las relaciones y el logro de vinculaciones afectivas duraderas.

5. Cuando una persona madura se siente atraída eróticamente por otra, pide sin tapujos (lo que no está reñido con la seducción sincera, la amabilidad y la poesía) y acepta las negativas sin frustración, porque tiene en cuenta la libertad de la otra para decidir la aceptación o el rechazo y porque es consciente de que su deseo sólo puede verse cumplido si coincide con el deseo de la otra, es decir, si hay mutuo acuerdo en las propuestas, única forma de que la relación sea de Sujeto a Sujeto y no de Sujeto a Objeto.

6. La pareja estable se concibe como una forma, no exclusiva, de satisfacer el deseo de vinculación afectiva, recuperando las vinculaciones de apego familiar, y por ello, como una forma de crecimiento personal. Por lo tanto, no cabe la añoranza por etapas anteriores vividas como mejores, ni sentir la pareja como una pérdida de libertad sino todo lo contrario, como el acceso a una etapa vital de mayor libertad, mayor seguridad afectiva y mayor capacidad de proyectos compartidos que antes no se tenían.

7. Desde la consideración de que las relaciones sexuales tienen una función de comunicación afectiva y placer compartido entre Sujetos, la tensión sexual generada por la afluencia de estímulos externos o fantaseados, tan abundantes en una sociedad que comercializa con el sexo, se descarga habitualmente mediante el autoerotismo, que genera estados de placidez y bienestar personal que ayuda a las personas a desarrollar actitudes pacíficas, comunicativas y respetuosas, permitiendo que las relaciones con las demás se planteen sin obsesiones de posesión ni urgencias de descarga. La masturbación es la alternativa para superar la pulsión copulatoria y debería ser rehabilitada como comportamiento erótico humano e incluída en los programas de educación sexual con especial énfasis.

8. El fomento de la empatía, definida como la capacidad natural de ponerse en el lugar de las otras personas, desarrolla sentimientos altruistas que permiten la cooperación y el reparto, la solidaridad y el apoyo mutuo. En las relaciones de pareja este desarrollo empático es imprescindible para cultivar la comunicación y la negociación pacífica de los conflictos que surgen de la idiosincrasia individual de cada sujeto y permite que las relaciones vayan tiñéndose de complicidad y apego, elementos imprescindibles para la estabilidad de la pareja.

9. La empatía y el altruismo sólo son positivos desde una personalidad madura, es decir, que se siente capacitada para la autogestión, la autoestima y la creatividad. Una persona segura de sí misma, con un nivel de amor propio adecuado y una buena autoimagen, es la que puede establecer relaciones eróticas y afectivas con las demás desde la empatía y el altruismo y no desde la subordinación cognitiva, la dependencia afectiva y la sumisión conductual.

10. Las relaciones eróticas se convierten en holísticas y hedonistas, el placer y el afecto se pueden compartir de múltiples maneras, desde una forma de bailar, una comida compartida, un paseo a la luz de la luna , una lluvia de besos, una masaje sensual, caricias bucogentiales, heteromasturbación, coito anal y vaginal, pseudocoito, etc., etc. En el marco de este erotismo global, el coito se integra como una técnica erótica más, ni más ni menos importante que las demás, que puede estar presente en una relación sexual o no estarlo, sin ansiedades, ni miedos al desempeño, ni imposiciones.

11. La pulsión copulatoria desaparece como resultado de la combinación de varios cambios actitudinales: Primero, la tensión sexual producida por los estímulos eróticos habituales se descarga preferentemente mediante la masturbación (algo que ya se hace ahora pero no se reconoce) y se integra como un elemento más de la relación erótica. Segundo, las relaciones se establecen desde la prioridad de los atractivos biopsicosociales, buscando más el placer que produce la comunicación empática y afectiva que no el mero atractivo físico. Tercero, la comunicación es placentera en la medida que se desarrolla entre iguales, desde la sinceridad y la honestidad y no desde la engañosa seducción que manipula el poder.

12. Por último, la pulsión reproductiva desaparece desde la educación que lleva a concebir la maternidad como una posibilidad de realización personal, libre y voluntaria y, por lo tanto, opcional, que no es incompatible con otros proyectos de realización personal (laboral, profesional, literaria, artística, etc.) y que no es exclusiva ni excluyente sino que necesita de la cooperación, el reparto y la ayuda mutua. Opción que no todas las mujeres tienen por qué elegir, sin ningún menoscabo de su personalidad ni de su reconocimiento social.



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Quiero destacar este interesante artículo que publican en su web el colectivo ahige (Asociación de Hombres por la Igualdad de Género) HOMBRES IGUALITARIOS

Desmontando al Hombre (VI): Los Mujeriegos ya no son lo que eran

Escrito por Julián Fernández de Quero
viernes, 20 de marzo de 2009

Uno de los estereotipos más difundidos por la Cultura de los Géneros es la innata tendencia a la poligamia -entendida como promiscuidad- de los hombres frente a la monogamia de las mujeres. Incluso desde el ámbito científico, numerosas obras publicadas en las últimas décadas, influidas por la sociobiología -una disciplina que tiene como axioma la naturalización de todo el comportamiento humano a partir de la consideración de que los genes son los que determinan nuestra vida, siendo el cuerpo una mera estructura habitacional donde ellos se mantienen y reproducen- intentan justificar dicho prejuicio a partir de las necesidades reproductoras de los organismos vivos.

Así, el mandato genético induciría a los machos a las relaciones sexuales poligámicas para aumentar la eficacia reproductora de la especie, consiguiendo que un solo macho deje preñadas a un mayor número de hembras, mientras que las hembras, más vulnerables y dependientes de la crianza, trazarían estrategias de fidelización monogámica captando al macho más fuerte para, por un lado, asegurarse una prole genéticamente más sana y con más probabilidades de sobrevivir y, por otro, asegurar la protección y la provisión alimenticia necesarias para la supervivencia de la hembra y sus crías.

Con estas afirmaciones, la sociobiología “naturaliza” la familia nuclear burguesa, la división del trabajo entre hombres -provisión, protección y procreación, las famosas “3P” de David Gilmore- y mujeres -reproducción, crianza y cuidados- construida por el Patriarcado y el falocrático dominio de los hombres sobre las mujeres.

Sin ninguna pretensión de “deconstruir” con detalle las teorías pseudocientíficas de la sociobiología, algo que ya han llevado a cabo otros/as autores/as, me permito recordar algunas de las consideraciones que permiten superar dicha concepción ideológica revestida de cientificidad:

– No hay ningún estudio que demuestre la existencia de la familia nuclear desde los orígenes de la especie humana. Por el contrario, numerosos estudios demuestran que durante muchos miles de años, los grupos humanos estuvieron conformados por clanes familiares nómadas de relaciones endogámicas y promiscuas, hábitos alimenticios carroñeros y comportamientos intercambiables entre hombres y mujeres. Era el grupo como conjunto solidario el que se encargaba de la búsqueda de comida, del cuidado de las crías y demás tareas de supervivencia. No había división sexual del trabajo ni comportamientos sexuales diferentes entre hombres y mujeres.

– La evolución matriarcal posterior en numerosos grupos que dejaron de ser nómadas para fijar y estabilizar su residencia, inventando la agricultura y la domesticación de los animales, trajo como consecuencia la expansión del tabú del incesto y otras normas sociales de convivencia, transformando las relaciones de endogámicas en exogámicas, es decir, que los hombres en edad reproductora eran acogidos como huéspedes por los grupos matriarcales durante un corto tiempo -generalmente, durante las fiestas de la fertilidad y otros rituales- para que dejaran embarazas a las mujeres y luego, se volvían a sus grupos de origen, mientras que las mujeres parían y criaban a sus hijos con la protección y los cuidados de todo su clan materno. No había familia nuclear, ni maridos, ni esposas, ni padres. Los primeros linajes eran matrilineales y los lazos sociales se organizaban en torno a la autoridad de las madres.

– La invención del patriarcado y de la propiedad privada trae como consecuencia la división sexual del trabajo, el empoderamiento del hombre como género, una de cuyas principales manifestaciones es la elevación del pene a la categoría de falo, la esclavización de la mujer convertida en objeto de propiedad masculina y el matrimonio como legitimación de la compra que un hombre hace de una mujer para dedicarla a fines reproductores y de crianza que garanticen su linaje y la transmisión de su herencia. Como estudió Claude Levy Strauss, el patriarcado revierte el significado de los tabúes y normas sociales heredadas del matriarcado en beneficio de los varones y en detrimento de las mujeres, entre otras, la exogamia se convierte en un pacto entre familias por el cual, la mujer pasa del sometimiento del padre al del marido, unidos en matrimonio por intereses familiares que nada tienen que ver con la sexualidad y el afecto. El varón adquiere la titularidad de “pater familias” con poder de vida y muerte sobre los demás miembros de la misma. Al estar el poder y la riqueza basados en la propiedad de la tierra, los clanes familiares se convierten en familias extensas que compiten, pactan y guerrean entre ellas para alcanzar el poder supremo.

– Durante los miles de años que dura el patriarcado, los hombres usan del poder y de su fuerza física para someter a las mujeres, eliminando por innecesarios los comportamientos característicos del llamado “cortejo animal” heredados filogenéticamente. Las mujeres son separadas en dos grandes grupos: Las esclavas sexuales sometidas a la pulsión copulatoria de los varones, socialmente degradadas como “animales impúdicos y lujuriosos” y las esclavas reproductoras -matronas- encargadas de la reproducción, crianza de los hijos y cuidados de las personas a su cargo, a las que se les considera asexuadas -no tienen sexo sino útero- y que reciben una cierta consideración social debido a su función.

Por lo tanto, en las épocas premodernas, el hombre de género es un mujeriego poderoso que no tiene ninguna necesidad de seducir para satisfacer sus instintos sexuales puesto que toma a las mujeres de grado o por la fuerza. El acceso a la modernidad supone una variación que tiene que ver con la clase social. La aristocracia y la burguesía reconocen a las mujeres de su misma clase social como miembros de la especie humana, diferente al hombre, pero sujeto de consideración y respeto formal. Las familias que tienen hijas las someten a una estricta educación puritana, ya que la virtud femenina -entendida como pureza y virginidad hasta el matrimonio, pudor y obediencia al padre y al marido- elevan sus posibilidades en el mercado matrimonial. Estas actitudes sociales y familiares convierten a las mujeres decentes en una pieza apetitosa y rodeada de morbosidad para los ociosos caballeros que ejercen de depredadores sexuales.

A partir del siglo XVIII, se inventa un “deporte” masculino entre las clases altas consistente en competir entre los varones para ver quien es el que más mujeres virtuosas logra seducir como manifestación de su potente virilidad y de sus habilidades como seductor. El movimiento de Los Libertinos, Don Juan Tenorio y Giacomo Casanova se convierten en los modelos ideales de la masculinidad, tal como han reflejado películas como “Valmont” o “Las Relaciones peligrosas”, entre otras muchas. Los mujeriegos, además de presumir de una vida licenciosa, repleta de juergas y orgías con prostitutas, queridas y amantes, todas ellas mujeres socialmente degradadas por su condición inmoral, presumían sobre todo de su astucia y habilidad para utilizar el engaño y los modales corteses con el único objetivo de vencer las resistencias de las mujeres decentes y acabar con su virtud puritana.

En todas las cortes europeas se implanta la doble moral de aparentar una cosa y actuar de otras forma de tapadillo. Como argumenta Anthony Giddens en su estupendo libro “La Transformación de la Intimidad” (Ediciones Cátedra, 2006) “Casanova no tendría sitio en las culturas premodernas: es una figura de una sociedad cercana a la modernidad. El no tenía interés en acumular esposas, si tal cosa hubiese sido posible. El sexo era para él una búsqueda nunca acabada, que terminó no por el cumplimiento de una autorrealización o sabiduría, sino sólo por la decrepitud de la edad” Como el mismo autor analiza, la sexualidad del mujeriego responde al síndrome de “sexualidad compulsiva”, entendida como una adicción al sexo similar a la que se puede tener con relación a las drogas, el trabajo, y otras actividades humanas. “Tradicionalmente, el seductor era un aventurero genuino, que desafiaba no sólo a cada mujer, sino a todo el sistema de normativa sexual. Era un subversor de la virtud y luchaba contra otros molinos de viento también, porque la seducción también implicaba desafiar el orden masculino de protección sexual y control.

En cambio, los mujeriegos actuales se están convirtiendo en dinosaurios de una época pasada que producen más grima que admiración. Como vuelve a decir Anthony Giddens, “Los mujeriegos de hoy son producto de transformaciones en la vida personal que se han producido y se mantienen por la fuerza. Son seductores en una era en que la seducción se ha vuelto obsoleta….. La seducción ha perdido significado en una sociedad en la que las mujeres están más dispuestas para los hombres que nunca, aunque -y esto es crucial- sólo apareciendo como iguales a él.”. “Los mujeriegos actuales pueden parecer fósiles de una edad anterior, acechando a su presa con valor, armados sólo con penicilina, preservativos (se supone) y un bagaje para hacer frente al SIDA…. Son seductores, sí, en la medida en que están preocupados -sobre todo- con la conquista sexual y con el ejercicio del poder que ello implica”. ¿Pero, qué premio ofrece la victoria cuando la victoria es tan sencilla?. El autor cita a Graham Hendrick para afirmar que la igualdad sexual conquistada por la mujer actual “disuelve la división arcaica entre las mujeres virtuosas y la corrompidas o degradadas”. Ahora, las mujeres se consideran en el mismo plano de igualdad sexual frente a los hombres, reivindican su derecho a tener la iniciativa, a seducir en función de sus intereses, buscan su propio placer y no consideran que tengan que defender ninguna “virtud” según los cánones de una moral periclitada. Por lo tanto, “una vez que la “muerte” del seductor depende de la destrucción de la virtud, la persecución pierde su dinámica principal…. El mujeriego de hoy no es alguien que cultiva el placer sensual, sino un buscador de emociones en un mundo abierto, lleno de oportunidades sexuales.”

La figura del mujeriego actual hace más evidente aún, si cabe, la dependencia afectiva del hombre de género en relación a la mujer. Aparentando una autonomía de la que carece, presumiendo de una independencia con tintes de misoginia, el mujeriego actual expresa con su búsqueda obsesiva de conquistas sexuales, el rechazo a una madre afectivamente sobreprotectora, para poder construir su identidad masculina, con el obsesivo deseo de una afectividad huérfana. Como dice Giddens, “Su dependencia de las mujeres es bastante obvia, tan obvia que se trata de una influencia que controla sus vidas…. El moderno aventurero sexual ha rechazado el amor romántico, o utiliza su lenguaje sólo como retórica persuasiva. Su dependencia de las mujeres, por tanto, sólo puede ser validada a través de la mecánica de la conquista sexual.”.

Así pues, el mujeriego actual ya no es lo que era. Sus frustraciones, complejos y disfunciones frente a una mujer sexualmente libre, autónoma en sus decisiones y con la autoestima suficiente para no depender del hombre, le convierten en firme candidato a las consultas de la terapia sexual y de la psicología. Las nuevas condiciones creadas por las actitudes de las mujeres actuales, le obligan a un cambio necesario para salvar su integridad. Giddens apunta a la construcción de un nuevo tipo de relaciones que llama “la pura relación”, basada en la superación de la relación de “sujeto a objeto” tradicional y convertida en una relación de “sujeto a sujeto”, cuyos términos se plantean de un plano de igualdad y cuyos objetivos deben negociarse y pactarse de mutuo acuerdo. De esa pura relación derivan la conductas de una “sexualidad plástica”, más personalizada y diversa, superadora del obsesivo coitocentrismo de épocas pasadas y la posibilidad de un “amor confluente” fruto de una transformación de la intimidad que convierte la relación en un proyecto de vida negociado y consensuado, cuyas premisas son la honradez sincera de las propuestas, la expresión sin vergüenzas de las propias necesidades y vulnerabilidades y la empatía necesaria para que la búsqueda de la propia felicidad pase por la felicidad de la otra persona.

El enlace completo: http://boletin.ahige.org/index.php?option=com_content&task=view&id=860&Itemid=66



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